Barbie nos enseñó a ser mayores

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Hace medio siglo la empresa estadounidense Mattel presentó al mundo a la muñeca Barbie, que se convertiría en un canon de belleza femenina durante muchos años.

Hace medio siglo la empresa estadounidense Mattel presentó al mundo a la muñeca Barbie, que se convertiría en un canon de belleza femenina durante muchos años.

Esta semana, como indemnizando a las jóvenes cuyas vidas se habían arruinado a causa de su escaso parecido con la espectacular rubia, y en señal de apoyo a los niños que padecen cáncer, el fabricante presenta a una muñeca sin pelo.

Yo, personalmente, tuve mi primera Barbie a los nueve años, lo recuerdo perfectamente, fuimos con mis padres a una enorme tienda y allí, en medio de miles de ositos, conejitos y perritos vimos unas grandes estanterías que contenían tantísimas muñecas de mis sueños... Eran todas distintas, con vestidos con miriñaque, con pantalón y camiseta, montando en patines, con trajes de chaqueta o en una carroza tirada por caballos. Elegí una Barbie con cazadora vaquera, minifalda y guitarra eléctrica, pues en aquel momento quería llegar a ser una estrella de la música rock.

En los 50 años de su existencia, Barbie probó tantas facetas e imágenes, que cualquier niña encontrará alguna con la que identificarse: en las tiendas en diferentes épocas se pudo encontrar a muñecas de casi 150 nacionalidades y 130 profesiones, una gama de productos extensísima ofrecida por el fabricante. Esta semana en Estados Unidos se presentará una Barbie sin pelo, su “historia vital” consiste en padecer cáncer. Esta muñeca se fabricará precisamente para que las pequeñas pacientes de centros de tratamiento de cáncer no se sientan solas. De momento, las Barbies sin pelo solo se destinarán a los hospitales, pero ya el año que viene podrían ponerse en venta.

El secreto de la legendaria muñeca consiste en que después de lanzar al mundo un modelo a seguir, que encarnó a una protagonista de origen dudoso salida de las páginas de un frívolo cómic alemán, la empresa Mattel creó centenares de guiones de “vida correcta”, como por ejemplo una exitosa carrera profesional o una familia feliz y la paz en todo el mundo.

Viviendo la vida real

Las ventas de Barbie siguen batiendo todos los récords imaginables. Semanalmente se venden en todo el mundo más de 1.000.000 de ejemplares. Según datos que obran en poder de Mattel, una niña estadounidense tiene un promedio de ocho muñecas Barbie; una italiana, de siete; una francesa, alemana o británica, cinco.

La situación de esta muñeca bastante simplona es única, dado que hasta su aparición en el mercado de juguetes ningún producto ofrecía a los pequeños consumidores la posibilidad de satisfacer plenamente su necesidad de imitar la vida de los mayores.

A pesar de su escasa naturalidad, Barbie tiene una vida real, permitiendo a los niños disfrutar de la esencia de las actividades que sus padres y sus amigos desarrollan. Barbie se enamora y se pelea con su pareja, va al trabajo y a los salones de belleza, compra ropa y coches, se embarca en cruceros y pasa largas horas delante de la pantalla de un ordenador.

De modo que en esta muñeca de físico impactante se plasman todos los sueños infantiles, incluso los todavía ocultos, relacionados con la vida adulta. No en vano todas las niñas juegan a ser princesas, se prueban los zapatos de sus madres y juegan a arreglarse, usando sus collares y pendientes.

Buena vida para todos

Todos deberían sentirse felices en la vida y no sólo aquellas chicas que se le parezcan: estilizadas, rubias y cercanas al ideal de la belleza. Ésta es la principal objeción de los padres formulada al fabricante de la muñeca. Nuestras hijas, prosiguen, se quedarán con la idea de que solo alcanzarán la felicidad si tienen las piernas largas y los ojos azules. Como respuesta a estas críticas, los creadores de Barbie se dedicaron a ampliar el mundo de esta belleza de plástico, introduciendo a personajes nuevos que no tenían nada que ver con la protagonista.

Primero aparecieron Barbies de pelo castaño y luego, pelirrojas. De manera paralela se lanzaron una muñeca ricachona con sus pendientes de oro y su collar de diamantes y una chica de limpieza con modesto uniforme. Una Barbie se exponía al sol en una tumbona en algún sitio paradisíaco, tomando con indolencia un cóctel, mientras que otra se embutía en un chaleco de pieles en algún inhóspito lugar del Estado de Utah o en Alaska.

Los consumidores empezaron a ser menos exigentes, pero Mattel le cogió gusto a las acciones sociales y se comprometió con la causa más incluso de lo que se le pedía.

Así, en 1968, justo después de uno violentos enfrentamientos ocurridos en los Estados sureños del país y en condiciones de una intensa lucha contra la segregación que de facto seguía existiendo, Mattel lanzó la muñeca Christie de piel negra. En 1988, precisamente al tener que tratar el país a un exageradamente alto número de emigrantes latinoamericanos, Mattel presentó a Teresa.

La presentación de muñecas de rasgos asiáticos coincidió con la activación de la cooperación económica entre Estados Unidos, Japón y China. Y en 2009 apareció Barbie musulmana.

Cada una puede convertirse en Barbie


Cada nueva faceta de Barbie, sea étnica o religiosa, causaba furor. Pero también hubo otras: en 1997 apareció Becky, muñeca en silla de ruedas, campeona de los Juegos Paraolímpicos. El mensaje era más que claro: a pesar de su minusvalía lo tomaba todo de la vida. Hubo dos versiones, una antigua tenista o una antigua bailarina. En cada caja apareció la llamativa inscripción “Cada uno puede convertirse en minusválido. No son diferentes a nosotros”.

Con esta muñeca ocurrió una historia curiosa: una joven de 17 años que padecía parálisis cerebral envió al fabricante una carta, en la que contaba que la silla de ruedas de Becky no cabía en el ascensor de la casa de Barbie. La empresa se disculpó y adaptó la casa a las necesidades de una muñeca minusválida.

Las muñecas fueron adquiridas por guarderías y colegios y las organizaciones sociales, alentadas por el éxito, intentaban a persuadir a Mattel de que lanzara una muñeca con sobrepeso. Les llevó mucho tiempo, pero finalmente en 2009 una Barbie obesa vio la luz. Fue una tirada limitada, pero no por ello dejó de ser un avance.

La tirada de las Barbies sin pelo también será limitada, al menos de momento. En caso de necesidad se lanzarán más muñecas que representan a niñas enfermas, porque el fabricante siempre ha reaccionado ante las necesidades de la sociedad, sin tener miedo de dar un paso en falso.

Esta precisamente es la inesperada y sorprendente misión social que apenas asomaba en la imagen de una belleza glamurosa, presentada al público hace 50 años. Nadie podría imaginar entonces que aquella muñeca se convertiría en una especie de símbolo de la civilización occidental con todos sus problemas y logros.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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