El 19 de noviembre de 1711 (no está confirmado) nació Mijaíl Lomonósov, una de las cimeras figuras de la ciencia rusa. Este hombre era de intereses variados, brillante y solitario como sólo pueden ser los genios. Podía provocar cualquier sentimiento menos la indiferencia.
La fecha del nacimiento de Lomonósov es aproximada, no se sabe con certeza. Fue bautizado por San Miguel Arcángel. El bautizo se celebró el 21 de noviembre, pero al igual que su año de nacimiento, se desconoce el año del bautizo.
En cualquier caso, estos detalles apenas tienen importancia. Con la grandeza de su personalidad lo ilumina todo. A personas como Lomonósov se las recordará siempre sea cual sea su fecha de nacimiento.
Con aires de gran importancia
Mijaíl Lomonósov parece ser el ejemplo a seguir en cuanto al ascenso social de su época (ascendió desde abajo, poco a poco), muy limitado por las condiciones sociales y regulado por vínculos familiares. En esa época si no eras “hijo de” no podías ascender socialmente.
En la temática científica siempre se daba preferencia a los extranjeros.
Todo empezó con una aventura, fingiendo ser quien no era (hijo de un trabajador de astillero), con el único propósito de poder entrar en la Academia de Estudios Clásicos de Moscú. Posteriormente el engaño fue descubierto, pero las capacidades de Mijaíl brillaron tanto que lo enviaron a estudiar a Alemania.
Se convirtió en un referente para la ciencia, al igual que Alexander Pushkin para la literatura nacional.
Entendido en todas las materias
El número de ámbitos que han sido objeto de interés y profunda investigación de Mijaíl Lomonósov es muy amplio. Desde materias tan abstractas como poesía, gramática e Historia hasta problemas de ingeniería, por ejemplo, de minería o de tecnologías de trabajo con materiales ópticos.
Una esfera aparte era la creación de mosaicos con cristales de colores de fabricación propia, fusión de sus aspiraciones artísticas y del enfoque científico de un ingeniero.
En la Historia de Rusia, Lomonósov ocupa un lugar extraordinario.
Sus intereses científicos tan polifacéticos son, de hecho, producto de la historia personal de este genio, quien subió a la cima desde el escalón más bajo, esforzándose en todo momento por aprender más. Lomonósov es para su época un ejemplo.
Siendo tan único, se sentía muy solo. Para compensar esta soledad, llenaba su mente lo más que podía. Lo hacía de la manera que mejor correspondía con su naturaleza, es decir, brusca e impulsivamente. Hay numerosos testimonios de lo difícil que era tratarle en la vida cotidiana. Acabó peleado con numerosos miembros de la Corte y de la Academia de Ciencias.
Hijo de su época en todos los sentidos
Había otra faceta del famoso científico: político y burócrata. Era fiel partidario del conde Iván Shuválov, favorito de la Emperatriz Catalina II, aficionado a calumniar y echar pestes de terceras personas en su lucha por el poder y fondos públicos, hecho comprobado.
Precisamente Lomonósov contribuyó a la destrucción de la carrera de Gerhard Miller, historiador ruso de precedencia alemana, uno de los más significativos investigadores de la época.
Era una historia sucia, llena de intrigas y secretos, en la que se recurría a contactos con personas influyentes. Más tarde se peleó con Lomonósov que velaba por los sentimientos nacionales y protestaba contra el dominio de los científicos alemanes en Rusia (los alemanes siempre le tuvieron envidia). El conflicto estalló después de que Miller formulara su teoría de la procedencia escandinava de los primeros príncipes rusos.
Bien es cierto que nunca se ha considerado el mérito de Miller en la descripción histórica y etnográfica de Siberia. Muchos de sus estudios nunca fueron aprovechados por las generaciones posteriores.
¿Qué evaluación se podría dar al papel de Lomonósov quien no dudó en hacerle la vida imposible a su rival?
Tan fuerte era su deseo de ajustar cuentas que incluso hizo las paces con su enemigo en la Academia de Ciencias de Rusia, Johann Schumacher, quien también le había cogido ojeriza a Miller.
Lomonósov no era una persona fácil. Tenía un talento innato el cual fue exponiendo paso a paso, al igual que un árbol cuyas raíces van levantando el asfalto.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
