En las elecciones presidenciales celebradas en Osetia del Sur el domingo pasado se produjo una situación poco frecuente: dos candidatos habían reunido casi el mismo número de votos.
El primer aspirante a la presidencia es Anatoli Babílov, anteriormente ocupó el puesto de ministro de Situaciones de Emergencia. Su rival en las urnas es Ala Dzhioeva, que hace unos años era ministra de Educación de la República. Los dos candidatos han reunido un porcentaje casi idéntico de votos.
Los datos preliminares del Comité Electoral Central evalúan el resultado con un porcentaje algo mayor del 25% para cada uno. La cita a las urnas se cerró sin que ninguno de los candidatos obtuviera la mayoría absoluta y la Comisión Electoral Central de Osetia del Sur fijó la segunda vuelta para el 27 de noviembre.
Tres alternativas para los ciudadanos
En la primera vuelta de las elecciones participaron 11 candidatos, aunque inicialmente llegaron a presentar su candidatura 17 personas. Anatoli Bibílov, desde el principio era considerado favorito de Moscú e incluso se habló de una posible reunificación con Osetia del Norte que es parte del territorio ruso. Al mismo tiempo, no era ningún secreto que el actual presidente oseta, Eduard Kokoity, apostaba por otro candidato, Guergui Kabisov, presidente del Comité de información y medios de comunicación masiva.
Kokoity, quien después de las elecciones de 2001 sustituyó en la presidencia a Liudvig Chebírov y desde entonces encabezó la República de Osetia del Sur, incluido el período de la guerra con Georgia en 2008, no pudo volver a presentar su candidatura, ya que lo prohíbe la Constitución del país.
De modo que los electores de Osetia del Sur se vieron ante tres alternativas políticas: El favorito de Rusia, Anatoli Bibílov. Muchos ciudadanos ven a Rusia como salvadora del país. La segunda opción es Ala Dzhioeva y la tercera Guergui Kabisov.
La oposición y el poder en Osetia coinciden a la hora de expresar lealtad fingida a Moscú
Las protestas estaban encabezadas por los líderes de la oposición, el seleccionador ruso de lucha libre, Dzambolat Tedeev, y el empresario ruso de procedencia oseta, Albert Dzhussoev.
Kokoity a modo de respuesta consiguió que a Tedeev se le negara la participación en las elecciones presidenciales. La nueva Ley exige que para que un candidato se presente a las elecciones tiene que llevar viviendo en Osetia del Sur 10 años como mínimo.
Poco antes de las elecciones tanto Kokoity como Dzhussoev apoyaron la candidatura de Anatoli Bibílov.
“Todo parece indicar que los opositores no tomaron estas declaraciones al pie de la letra y emitieron sus votos a favor de Ala Dzhioeva, vista como candidata de la oposición. Además, muchos partidarios de Kokoity, conociendo sus preferencias, no creyeron que apoyara a Bibílov y votaron a favor de otros candidatos, más cercanos a las autoridades del país. Como resultado, los votos de los seguidores del “partido en el poder” acabaron dispersos y Bibílov no venció en la primer vuelta”, comunicó a RIA Novosti una fuente cercana a Tedeev que prefirió guardar anonimato.
Ala Dzhioeva, antigua profesora de 62 años tiene a su favor su intachable biografía: posee el título de profesora emérita de Rusia, trabajó muchos años como directora de un colegio, en 2002 asumió el puesto de ministra de Educación como persona de confianza de Kokoity.
Sin embargo, en 2008 su buena imagen se estropeó. A Dzhioeva, acusada de estafa, se le impusieron grandes multas.
Las elecciones no son tan predecibles como podía parecer
La situación en torno a estas elecciones rompe una serie de estereotipos que se formaron respecto a las antiguas regiones autonómicas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur, reconocidas únicamente por Rusia y un par de países más. Muchos expertos se inclinaban por ver en ellas pequeñas copias de Rusia y creían, por lo tanto, que las elecciones en Abjasia en 2004 y las actuales en Osetia del Sur tendrían un resultado fácilmente predecible.
No obstante, la elección en 2004 de Serguei Bagapsh, que no era favorito de Moscú, como presidente de Abjasia y los resultados de las recientes elecciones en Osetia del Sur demuestran que es una opinión equivocada y que dichas regiones perciben sus propias perspectivas políticas y disponen de un considerable potencial democrático.
Eduard Kokoity no decidió cambiar la Constitución para poder presentarse al tercer mandato. Al mismo tiempo, algunos candidatos todavía en la etapa inicial de la reciente campaña electoral intentaron formar un bloque contra las falsificaciones. Todo parece indicar que han tenido éxito: si las falsificaciones hubieran sido masivas, difícilmente habría habido la segunda vuelta.
Todo ello no quiere decir que Osetia del Sur sea un país con una democracia desarrollada.
“En Osetia del Sur la sociedad todavía tiene que ser creada”, expresa el líder del partido suroseta Fydybasta, Viacheslav Góbozov, quien señala que la joven República ha conseguido evitar varios obstáculos en su camino hacia su independencia. Es poco probable que Georgia vuelva a intentar “reintegrar” a Osetia del Sur por la vía militar y las discrepancias políticas en el país se solucionan a través de las elecciones y no con una guerra.
Por otra parte, hay factores que juegan en contra de la República, entre ellos, la demografía. Para las elecciones fueron impresos 50.000 volantes con la esperanza de que todos residieran en el lugar de empadronamiento. Los ciudadanos creen que es una cifra exagerada. En la época soviética sí vivían en Osetia del Sur cerca de 100.000 personas, sin embargo, en estos momentos algunos pesimistas hablan incluso de tan sólo 30.000 personas.
Hubo dos cosas en las recientes elecciones que resultaron fácilmente predecibles: un “sí” casi unánime (84% de los votos, según los datos preliminares) para que el ruso sea considerado segunda lengua oficial y que Georgia no reconozca los resultados de las elecciones que sigue viendo a Osetia del Sur como un territorio georgiano ocupado por Rusia.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
