Los representantes de la industria textil de Rusia se plantean el ambicioso objetivo de arrebatarles la iniciativa a sus competidores chinos y convertir a Rusia en el “taller de costura” de las empresas europeas.
Sin embargo, en estos momentos el sector apenas logra hacer frente a las embestidas de la competencia extranjera. Se asegura que lo más valioso de la industria textil rusa es el capital humano que en breve, si los grupos de presión no consiguen del Estado preferencias tributarias y de otra índole, podría dilapidarse.
Cifras que confunden
Rusia no tiene nada en contra para convertirse en “taller de costura” para Europa, señala la primera vicepresidenta de la Unión de empresarios de la industria textil y ligera de Rusia, Nadezhda Samoilenko. En comparación con la china, la calidad rusa sería más alta y las empresas europeas muestran interés hacia los productores rusos.
Las perspectivas de desarrollo de la industria textil rusa son contradictorias, igual que las estadísticas.
Por una parte, el sector muestra una dinámica positiva en el período de superación de la crisis económica: en 2010, los beneficios de las empresas del sector aumentaron un 4.8%. Al mismo tiempo, la rentabilidad de los fabricantes es muy escasa, un 5.4%, y el nivel de los sueldos es uno de los más bajos de entre todas las industrias procesadoras.
Según los datos de la presidenta del Sindicato de los trabajadores de la industria textil y ligera, Tatiana Sósnina, el salario medio de una costurera es de unos 280 dólares al mes.
Sucumbiendo a la presión de los exportadores extranjeros, los contrabandistas y los productores ilegales, muchas empresas optan por cerrar. Comenta Tatiana Sósnina que tan sólo entre 2008 y 2009 el sector perdió 100.000 puestos de trabajo, es decir, un 25%.
Las importaciones de productos baratos y los artículos todavía más baratos traídos de contrabando son el principal problema para la industria textil rusa desde los años 90. Los artículos de consumo masivo procedentes de Turquía y China hicieron que, entre 1990 y 1997, el volumen de producción de la industria textil rusa se redujera en 7.5 veces.
En la actualidad, la cuota de las empresas nacionales en el mercado de ropa ruso se mantiene, según las estimaciones de Nadezhda Samoilenko, en un 18-20%. Y las tendencias no son demasiado alentadoras: en el primer trimestre de 2011 los volúmenes de las importaciones en términos anuales pasaron de 1.040 millones a 1.640 millones de dólares.
Los motivos de queja
Los profesionales rusos se muestran dispuestos a competir con los productores chinos. No obstante, para que tengan éxito en su lucha, el Estado debe hacer dos cosas: proporcionar a nuestros fabricantes las mismas condiciones de trabajo que tienen los fabricantes chinos y proteger los mercados nacionales del contrabando y de los artículos de producción ilegal.
Todo parece indicar que la mano de obra barata ya no figura entre las ventajas competitivas de las empresas chinas. De acuerdo con algunos datos, los empleados de las fábricas que producen ropa de calidad y la exportan a Estados Unidos, a la Unión Europea y a veces también a Rusia, ganan hasta 300-400 dólares mensuales, es decir, entre un 8% y un 33% más que los trabajadores rusos.
Y del precio de fabricación en Rusia, señala Tatiana Sósnina, los sueldos suponen tan sólo un 10-15%, mientras que el 50% son costes de la materia prima.
Según manifestó el pasado 8 de junio en la Conferencia “¿Existe un futuro para la industria textil en Rusia?” el presidente de la Unión de empresarios de la industria textil y ligera de Rusia, Boris Fomin, la brusca subida de los precios del algodón ha acarreado un aumento del precio de los productos textiles.
Las empresas rusas solicitan préstamos a tipos de interés del 8.25-8.5%, mientras que en China los tipos máximos no superan el 5-6%. Y, por supuesto, los fabricantes chinos gozan de condiciones tributarias preferentes: por ejemplo, están exentos del pago del impuesto sobre el valor añadido en las compras de materia prima.
Y luego está el problema común de los sectores industrial y agrario rusos, así como de muchos otros sectores: un vertiginoso crecimiento de los precios de la energía. En los últimos 10 años, comenta Tatiana Sósnina, el peso de los gastos en energía en los costes de producción han aumentado para la industria textil unas 30 veces.
Los incentivos para la industria automovilística no sirven para el sector textil
El primer vicepresidente del Comité de la Duma de Estado (Cámara Baja del Parlamento ruso) para el desarrollo industrial, Valeri Dragánov, sostiene que los mismos representantes del sector hasta cierto punto tienen la culpa de la escasa atención por parte del Estado. Deberían haber formado en todos estos años un fuerte grupo de presión que obligara a los funcionarios a hacerles caso y a tener en cuenta su postura.
Dragánov citó el ejemplo de la industria automovilística que consigue del Estado condiciones preferentes y subvenciones. No obstante, a los representantes de la industria textil les sería difícil seguir el mismo camino y las razones de una actitud especial del Estado hacia el sector en cuestión no son de carácter económico sino político y social: las plantas automovilísticas garantizan decenas de miles de puestos de trabajo.
AvtoVAZ, sin ir más lejos, tiene 70.000 operarios. El cierre de una empresa tan grande, que además sustenta toda una ciudad, no tardaría en provocar protestas sociales.
De acuerdo con los datos de los sindicatos del sector, en las empresas textiles trabajan unas 220.000 personas, que no es poco. Sin embargo, es significativo el número de empresas pequeñas y medianas con una plantilla media de entre 200 y 300 personas, a veces, de 500. Los productores están dispersos por todo el país y la reducción del número de puestos de trabajo, por lo tanto, no tendría especial resonancia.
Recordemos la intensidad de la reacción de la sociedad, de la prensa y de los funcionarios a los problemas de la planta de construcción de automóviles de la ciudad de Tolyatti. Nadie prestó, sin embargo, demasiada atención a la pérdida de 100.000 puestos de trabajo en la industria textil.
Competir hasta morir
Los fabricantes chinos no sólo causan daños a las empresas rusas: después de la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio, China aumentó su presión -que antes tampoco había sido nada débil –en todos los mercados mundiales.
De acuerdo con las estimaciones de la Asociación Europea Textil, entre 2002 y 2010 los chinos aumentaron su participación en este mercado del 20 al 50%.
Poco a poco la hegemonía de China deja de convenirle a Occidente y la competencia global, así como el traslado de las fábricas a regiones con mano de obra barata, ya no parece tan óptima solución, como podría parecerlo hace 3 años.
“Si seguimos así, acabaremos compitiendo hasta morir”, señala el semanal alemán Der Spiegel. La crisis ha hecho que los países desarrollados se preocupen por sus propios fabricantes y la creación de puestos de trabajo en el sector industrial parece haberse puesto de moda.
Para poder atraer inversiones, las autoridades europeas están dispuestas a subvencionar la creación de puestos de trabajo, indica el presidente de la organización social “Rusia empresarial” Alexándr Galushka. Podría tratarse de un 20% de subvenciones en los sectores tradicionales y de hasta un 80% en los innovadores.
En Rusia ni se sueña con eso, las aspiraciones de los fabricantes se limitan a unas condiciones tributarias más favorables y a la concesión de préstamos preferentes.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
