Borís Yeltsin fue un político ruso que marcó toda una época

© Igor Mikhalev / Acceder al contenido multimediaBorís Yeltsin
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El 1 de febrero de 2011, Borís Yeltsin, el primer presidente de Rusia durante el período entre 1991 y 1999, habría cumplido 80 años.

El 1 de febrero de 2011, Borís Yeltsin, el primer presidente de Rusia durante el período entre 1991 y 1999, habría cumplido 80 años.
Fue una destacada figura histórica que representa una de las épocas más complicadas en la historia de Rusia que no se presta para elogios ni criticas, pero si para análisis, estudio y sacar conclusiones.

Monarca democrático

Borís Yeltsin murió el 23 de abril de 2007, hace menos de 4 años, y presentó la dimisión voluntaria del cargo del presidente del país el 31 de diciembre de 1999, hace 10 años. Pese al poco tiempo pasado desde entonces, en torno al primer presidente de Rusia ya han aparecido mitos que hoy en día circulan frecuentemente.

Según uno de ellos, “Yeltsin dio la libertad al pueblo ruso”. Esta declaración contiene una clara alusión monarquica. Como si Yeltsin hubiera otorgado la libertad o se hubiera dignado conceder la libertad. Pero no hay nada sorprendente en esto.

Tanto los críticos y opositores, como sus partidarios asociaban y siguen asociando a Yeltsin con un zar.

El ex gobernador de la provincia de Nizhni Nóvgorod y ex viceprimerministro durante el gobierno de Yeltsin, Borís Nemtsov le llamaba “Zar Borís” al primer presidente de Rusia elegido en las elecciones democráticas.

Y el politólogo, director del Consejo de Política Exterior y Defensa, Serguei Karagánov,  citaba que “a Yeltsin, le gustaba ser zar en el país democrático”.

Muchos funcionarios de alto rango de la administración de Yeltsin también estuvieron contentos con su papel de cortesanos de la “corte democrática” basada en el antiguo mecanismo de contrapesos y una política de enroques y gambitos.
El famoso grupo de los siete oligarcas rusos, que en 1996 financiaron la campaña presidencial de Yeltsin y consiguieron su reelección, se adaptaron perfectamente a aquel sistema que permitió su salto del cero al infinito, ese  proceso que traspasó buena parte de la propiedad estatal a manos de unos pocos.

Esos oligarcas fueron Borís Berezovski, Vladímir Potanin, Mijaíl Jodorkovski, Vladímir Gusinski, Alexandr Smolenski, Piotr Aven y Mijaíl Fridman.
No obstante, fue ilusoria la esperanza de que varios magnates pudieran regir los destinos del Estado ruso.

Reservas de libertad

El mito de que Yeltsin dio a Rusia la libertad no tiene nada que ver con la realidad.
Todas las libertades políticas, la libertad de expresión, de reunión, de conciencia ya habían sido instituidas cuando Mijaíl Gorbachov ocupó el sillón presidencial en la URSS. 

Por ejemplo, la Ley de prensa y otros medios de información que canceló la censura fue aprobado en la Unión Soviética el 12 de junio de 1990, junto con la la Declaración sobre la Soberanía de la la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR).

Además, el propio Borís Yeltsin nunca declaró que fue él que “dio la libertad” al pueblo ruso. El fallecido presidente entendía que esa afirmación contenía una contradicción. Yeltsin nunca habría llegado al poder si Rusia no hubiera alcanzado determinada cantidad de libertad.

Nadie designó a Yeltsin como sucesor o heredero ni le dio luz verde. Es más, el régimen gobernante hizo todo lo posible para impedir la posible llegada al poder del político que se había convertido en su rival principal. 

Gracias a las existentes libertades políticas, Yeltsin ascendió con rapidez en la jerarquía, logrando cuatro triunfos consecutivos en las elecciones celebradas de 1989 a 1991. Fue elegido diputado de la URSS y diputado de la RSFSR, presidente del Soviet Supremo de la RSFSR, y al fin y al cabo, presidente de Rusia.

Y no obstante, no se puede subestimar los méritos del presidente Yeltsin en el mantenimiento de libertades, especialmente de la libertad de palabra y de prensa. Durante el período de su gobierno, los medios noticiosos de Rusia difundían las críticas más duras de su actividad, pero Yeltsin nunca emprendió intentos de venganza o represión contra alguien.

El primer presidente ruso siempre fue fiel a sus principios.

Instinto de poder


Además del mito positivo sobre la libertad supuestamente otorgada por Yeltsin, se divulga un mito negativo que Yeltsin provocó la disolución de la URSS. Este prejuicio tampoco corresponde a la realidad.

La Unión Soviética no existía de jure y de facto en diciembre de 1991, cuando los líderes de Ucrania, de Bielorrusia y de Rusia firmaron en Belovezhskaya Pushcha (Bielorrusia) el acuerdo sobre la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Hasta aquel momento, todas las Repúblicas Socialistas Soviéticas, a excepción de la RSFSR y Kazajstán, habían aprobado  declaraciones de independencia. El último presidente de la URSS, Gorbachov, se convirtió en un líder nominal más que real.

Yeltsin aprovechó esa situación y tomó las riendas del gobierno de  Gorbachov. El presidente ruso quiso ser el único líder, lo que es natural para cualquier político.

Yeltsin fue un político destacado, capaz de hacer un viraje vertiginoso desde el Partido Comunista de la URSS (PCUS) hasta una fuerte oposición al régimen soviético.

Yeltsin empezó su brillante carrera política en la URSS y en el PCUS.

A la edad de 35 años, fue designado director de la mayor empresa constructora. A la edad de 45 años, ocupó el cargo de primer secretario en el Comité regional del Partido Comunista de la URSS (PCUS) de la provincia de Sverdlovsk.

En 1985, fue designado por Gorbachov, entonces secretario general del PCUS, como primer secretario del comité del PCUS de Moscú. Pero se inició la Perestroika y se puso en evidencia en breve que las posibilidades de la carrera política soviética estaban agotadas.

En 1988, el aparato del partido intentó excluirlo de la XIX Conferencia del PCUS. Parecía que Yeltsin se había retirado de la escena política para siempre. Pero él fue capaz de salir del apuro y volver a empezar su carrera política en las nuevas condiciones y  con uso de nuevas tecnologías políticas que aprendió rápidamente.

Yeltsin supo encontrarse en el lugar preciso en el momento adecuado, o sea en el Congreso de los Diputados del Pueblo, en el Grupo Interregional de diputados, donde el futuro presidente de Rusia formó un grupo de apoyo.

En 1991, en las primeras en la historia de Rusia elecciones presidenciales totalmente democráticas, Borís Yeltsin fue elegido presidente de Rusia.
Yeltsin no cedió el poder durante un intento fallido del golpe de estado realizado en agosto de 1991, y al fin y a la postre, obligó a retirarse a su último rival. Mijaíl Gorbachov.

Cuando Yeltsin sintió que el Soviet Supremo de la Rusia independiente representó una amenaza para su poder, el mandatario ruso sustituyó la Constitución soviética con una  nueva ley fundamental democrática.

El final de su carrera política fue extravagante. Yeltsin que hizo todo lo posible para mantener el poder presentó la dimisión voluntaria y anticipada del cargo del presidente. Es un caso sin precedentes en Rusia.

Al delegar sus facultades a un sucesor elegido, Borís Yeltsin finalizó su época. Se jubiló y pasó a la historia.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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