Una delegación militar de Myanmar, encabezada por el teniente general Myint Hline, Jefe de la Defensa Aérea de este país, arribó a Rusia, para sostener negociaciones con altos cargos de la Fuerza Aérea y directores de empresas con tal de estudiar la compra de aviones sin pilotos (drones), sistemas de defensa aérea Buk M1 y Tor M1. En 2001, Myanmar adquirió en Rusia 10 cazas MiG-29 por importe de $150 millones.
El pragmatismo en las relaciones con los Estados infractores de los derechos humanos pasa a ser un elemento de la competencia económica entre nuevos jugadores mundiales (China, India, Rusia) y compañías occidentales, obligadas a renunciar a contratos beneficiosos bajo presiones de la opinión pública. Compañías chinas desarrollan actividades en Sudán, Nigeria, Angola y Guinea Ecuatorial, ricos en recursos naturales. También entidades rusas se empeñan en establecerse en estos mercados complicados.
En Myanmar hay muchos yacimientos prometedores de petróleo, gas, oro, metales no ferrosos y raros. La industria rusa de Defensa, merced a su supremacía tecnológica sobre la china, aseguró la presencia económica de Rusia en Myanmar. En este país se establecieron compañías rusas de hidrocarburos. No hace mucho lo hizo también la entidad Atomstroiexport (especializada en suministrar equipos y maquinaria para la industria atómica) que en mayo pasado celebró el contrato de construcción en Myanmar de un centro científico. Compañías rusas tendrán que competir con los chinos también en otros sectores de la economía. El problema fundamental en la cooperación con Estados como Myanmar es el riesgo político, porque es preciso ingeniárselas para mantener las preferencias rusas en caso de la caída del régimen militar.
