La reciente entrevista del embajador ruso en Minsk llevó a expertos locales y extranjeros hacia la conclusión de que Moscú podría emplazar sus armas nucleares en Bielorrusia. La cancillería rusa reaccionó a las palabras de su diplomático con mucho retraso, lo cual induce a pensar que la mención del armamento nuclear fue una especie de sonda o, más bien, un palo metido en un hormiguero.
Las declaraciones del embajador Alexandr Súrikov provocaron un entusiasmo inusitado entre expertos militares rusos poniendo de manifiesto que en el ala derecha del estamento castrense hay un deseo recóndito de expandir la zona de influencia e instalar bases nucleares delante de las narices de la OTAN. Hacerlo en Bielorrusia, según ellos, es mejor que en Kaliningrado porque la creación de bases en este enclave ruso no significa la adquisición de "nuevos territorios". Hay un deseo obvio de Europa vuelva a la configuración que existió durante el antagonismo entre el Pacto de Varsovia y la OTAN.
Al otro lado de las fronteras, sobre todo, en Polonia y en las naciones del Báltico, tampoco faltará entusiasmo ante un pretexto de turno para la confrontación. El titular de Defensa lituano, Juozas Olekas, ya afirmó que "la parte rusa habla de un traslado demostrativo de armas ofensivas de exterminio en masa que apuntan contra los países de Europa". Él también confunde los deseos con la realidad.
Todo el mundo vuelve a la retórica de la Guerra Fría. Ya podemos imaginarnos lo que dirán al respecto los políticos y la prensa en Europa y en EEUU. Pondrán en una misma fila la moratoria rusa sobre el Tratado FACE, la reanudación de los vuelos de aviación estratégica de Rusia y la amenaza de instalar las armas nucleares en Bielorrusia. Será un argumento para declarar otra vez que la creciente agresividad de Rusia hace necesario consolidar a la OTAN y emplazar en Europa un escudo antimisil. No importa lo que haya dicho el embajador. Lo importante es que los halcones sienten nostalgia de los tiempos en que ellos tuvieron un protagonismo mucho mayor en los asuntos mundiales. Para recuperarlo, necesitan dividir nuevamente al mundo.
