El reconocido politólogo brasilero, Emir Sader, aseguró recientemente que lo que divide el campo geopolítico actual no es entre izquierdas "malas" o "buenas", más o menos revolucionarias. El actual director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) explicó que la línea divisoria del campo geopolítico actual es entre los que firman Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y los que no lo hacen. Estos últimos son los que apostarían a la integración regional. Y entre ellos se encontrarían, entre otros, los presidentes de Bolivia, Venezuela, Argentina y Brasil.
Desde esta óptica, para estos gobiernos en lugar de Izquierda cabría usar el término Progresismo, Anti-neoliberalismo y Anti-imperialismo. Aún así, dentro de estas grandes categorías, habría que distinguir entre los que rompieron los moldes de la democracia representativa vigente como Bolivia y Venezuela y los que continúan con prácticas democráticas excluyentes. Y aún así, todos estos gobiernos estarían disputando en la frontera política entre lo malo-viejo-conocido y lo nuevo-por conocer.
Dentro de este difuminado espectro de opciones, el 2007 plantearía una similar disputa por la conducción hegemónica de una cada vez más tangible integración regional. Pero esta disputa por ver quien conduce la integración esconde la disputa de los proyectos, es decir, qué proyecto continental triunfará y qué ejes principales tendrá. En otras palabras, si la unión será cimentada por el mercado o por políticas sociales inclusivas.
Paralelo a este marco, en el 2006 se presenció una importante organización social a nivel regional, cuya máxima manifestación fue la realización este mes, en Cochabamba, de la Cumbre Social por la Integración de los Pueblos, de la cual participaron más de 4.000 personas. Esta cumbre busca convertirse en un espacio de propuesta política, de diálogo y crítica con y hacia los gobiernos progresistas del continente. Su objetivo es poder encarnar un modelo de organización que ponga por delante los derechos humanos, la justicia social, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos.
Argentina, mientras tanto, está representada por un gobierno que se debate entre las políticas progresistas y la continuidad del modelo neoliberal de sociedad. El 2007 será el año en que Argentina defina su rumbo. Las elecciones presidenciales que por el momento se realizarán en octubre seguirán oponiendo a dos grandes proyectos políticos. Uno es el oficial, el del presidente Néstor Kirchner, que busca aminorar las consecuencias sociales del neoliberalismo del '90 y revertir relativamente las políticas liberalizadoras de la economía. El otro es el proyecto que lideraría el empresario Mauricio Macri, que aglutinaría a las fuerzas conservadoras nostálgicas de la década menemista.
En Argentina, por el momento, no parece haber una fuerza de diferente tenor que pueda disputar el poder a nivel nacional.
Tomado de la página web de la emisora Voz de Rusia
