Cuba, 13 de octubre de 2006. Por Alfredo Nieves Portuondo. Especial para RIA NOVOSTI. Recientemente toda Cuba recordó el 30 aniversario del sabotaje contra una aeronave de Cubana de Aviación donde perdieron la vida 73 personas de diferentes naciones del mundo.
El vuelo 455 de Cubana de Aviación estalló en el aire frente a las costas de Barbados el 6 de octubre de 1976. El atentado cobró la vida de todos los pasajeros, la mayoría jóvenes deportistas que regresaban a La Habana.
Junto a los homenajes también en las últimas semanas los medios mundiales y cubanos reflejaron las nuevas acusaciones y evidencias que implican al terrorista internacional Luis Posada Carriles en ese horrendo crimen.
Por ejemplo, el importante medio latinoamericano Prensa Latina informaba que el Archivo de Seguridad Nacional (ASN) de Estados Unidos difundió una carpeta de documentos que aportan datos adicionales acerca de la responsabilidad del delincuente de origen cubano con la muerte de 73 personas en octubre de 1976.
Entre los textos develados destacan cuatro volúmenes de expedientes que prueban los nexos de Posada Carriles con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), su participación en operaciones terroristas y el ataque contra el avión cubano.
Según el propio medio algunas de las nuevas informaciones difundidas por el ASN recogen declaraciones policiales relacionadas con los venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo, sicarios cómplices de Posada que colocaron el explosivo en el avión comercial.
El Archivo de Seguridad Nacional, adscrito a la Universidad George Washington, esgrimió el Acta por la Libertad de Información y reafirmó su derecho a desclasificar las pruebas contra el asesino confeso cubano-venezolano.
Delegados del ASN exhortaron además al gobierno del presidente George W. Bush a publicar el resto de los datos vinculados con Posada Carriles que permanecen aún ocultos en oficinas estatales bajo el manto de una supuesta confidencialidad oficial.
Es tiempo que el gobierno federal descubra totalmente el pasado espinoso de Posada y sus enlaces con el terrorismo internacional, comentó Peter Kornbluh, director adjunto del Archivo.
Por otra parte, la gran prensa norteamericana no dejó pasar el tema y hace unos días atrás el destacado diario The New Cork Times destacó que Posada Carriles constituye un dilema para el gobierno del presidente George W. Bush, ya que el criminal fue oficial de la CIA y del Ejército de Estados Unidos
En ese medio un extenso artículo del periodista Marc Lacey señala que a pesar de los insistentes llamados de Cuba y Venezuela para que Posada Carriles sea enjuiciado, el gobierno norteamericano continúa renuente a juzgarlo por sus crímenes, señaló PL.
"Esa postura ha provocado una lluvia de críticas sobre la Administración de Bush por mantener un doble rasero con quienes cometen actos terroristas", afirma el Times.
El influyente periódico recuerda que la Casa Blanca realiza gestiones para deportarlo a varios países, donde "caminaría libremente", pero hasta ahora Canadá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Panamá se negaron a aceptarlo.
"¿Quién lo querría?", preguntó a The New York Times un abogado cercano al caso que habló en condición de anonimato, debido a lo "delicado de la litigación".
El diario precisa que, si bien hasta ahora Washington se negó a enjuiciar a Posada por terrorismo, la semana pasada el Departamento de Justicia ordenó que continuará detenido por ser "un criminal no arrepentido que ha admitido ser el cerebro de varios atentados".
"¿Cómo usted puede llamar terrorista a alguien que cometió los actos terroristas en su nombre?", preguntó a The New York Times Felipe D. J. Millan, uno de los abogados de Posada en El Paso, Texas.
El Times señala que, en días recientes, la norteamericana de origen guyanés Roseanne Nenninger Persaud escribió una carta al Fiscal General de Estados Unidos, Alberto Gonzáles, en la que le insta a certificar que Posada Carriles es un terrorista.
"Se siente que hay un doble patrón", afirma Persaud, cuyo hermano Raymond, de 19 años, fue uno de los pasajeros que perdió la vida en el crimen de Barbados, hace 30 años.
Igualmente se conoce que decenas de documentos acerca del terrorista internacional Luis Posada Carriles llevan hoy el cuño de "secret sensitive", en poder del gobierno de Estados Unidos.
¿Por qué no desclasificarlos? Es la pregunta que hacen muchos dirigentes políticos, abogados, académicos y periodistas, entre otras voces, ante la negativa de Washington a divulgar los textos que sobre el criminal conservan celosamente sus servicios de espionaje.
La interrogante se hizo sentir con más fuerza el jueves último, al publicar los Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington una extensa lista de títulos de documentos secretos relacionados con Posada Carriles.
Agrupados en cuatro volúmenes, los enunciados dejan entrever que sus contenidos (que continúan en secreto) se nutren del pasado del criminal, abundante en nexos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono.
"Exhortamos al gobierno de Estados Unidos a divulgar todos sus informes de inteligencia sobre Posada. Es hora de que sea transparente sobre el pasado de Posada y su vinculación al terrorismo internacional", señaló Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentos sobre Cuba de los Archivos de Seguridad Nacional.
En opinión de Kornbluh, "las víctimas, la opinión pública y las cortes tienen derecho a saber".
Empero, fue precisamente el abogado de Posada Carriles, Eduardo Soto, quien hace muy poco puso en evidencia las razones que tiene Washington para guardar silencio.
"Estamos tratando de establecer que Luis Posada siempre fue un instrumento empleado y pagado por el gobierno de este país, que ahora, por conveniencias políticas, pretende calificar de terroristas a las mismas actividades que antes promovió", alegó Soto.
Incluso, dijo que pretendía recurrir a los testimonios del senador y ex candidato presidencial John Kerry y del coronel Oliver North, figura central del escándalo Irán-Contras.
Según el abogado, Kerry, North y "otros más" podrían ser llamados como testigos, para demostrar que su cliente actuó durante años bajo la conducción y el respaldo del gobierno estadounidense.
Uno de los pasajes que se propone resaltar la defensa es la participación de Posada Carriles en acciones contra la Revolución Sandinista, en particular su vinculación al Irán-Contras, culebrón destapado durante el gobierno de Ronald Reagan.
El escándalo estalló al trascender que Estados Unidos financiaba los grupos contrarrevolucionarios nicaragüenses con dinero proveniente de la venta de armas a Irán.
La operación era ejecutada por la CIA y dirigida por Oliver North, entonces miembro del Consejo de Seguridad Nacional.
En opinión de Soto, el senador Kerry fue "una pieza clave en la investigación del caso Irán-Contras", y posee conocimiento suficiente de los informes y testimonios que registran la participación de Posada, ex agente CIA, en esos hechos.
Con el pseudónimo de Ramón Medina, el criminal se hallaba en la base de Ilopango, en El Salvador, cuando estalló el escándalo en 1986, tras el derribo en Nicaragua de un avión norteamericano.
Posada Carriles se encuentra en un llamado centro de procesamiento de inmigrantes, en Texas, donde fue "recluido" en mayo de 2005 tras aparecer en público en Miami y quedar en evidencia su entrada ilegal a Estados Unidos.
Hasta ahora sólo ha sido encausado por ese delito migratorio, pese a la solicitud de extradición presentada por Venezuela, cuya justicia lo demanda por su responsabilidad en el atentado contra una aeronave cubana en 1976, acción en la que perecieron 73 personas.
Sus antecedentes criminales también incluyen la planificación de una serie de atentados con bombas en 1997 contra instalaciones turísticas de La Habana, en una de las cuales murió el joven italiano Fabio di Celmo.
Posada Carriles entró ilegalmente en Estados Unidos luego de ser indultado en 2004 por la entonces presidenta panameña Mireya Moscoso, antes de dejar el cargo.
Junto a otros tres terroristas, cumplía una sentencia en una cárcel de Panamá tras organizar un atentado contra el presidente cubano, Fidel Castro, en el contexto de la Cumbre Iberoamericana de 2000, celebrada en ese país.
La semana pasada , unido a la lista de documentos sin desclasificar que conserva Washington, los Archivos de Seguridad Nacional divulgaron varios textos en los que queda en evidencia cuán enterado estaba el gobierno estadounidense de los "quehaceres" de Posada Carriles.
En tres cartas remitidas en 1976 por el entonces director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) Clarece Kelley a Henry Kissinger, a la sazón secretario de Estado, queda en evidencia que las autoridades norteamericanas sabían de la vinculación del criminal con el sabotaje al avión cubano.
"Una fuente confidencial reconoce que Posada y Bosch (Orlando) fraguaron el atentado", indica Kelley el 20 de octubre en la primera misiva.
En la tercera carta, fechada el 5 de noviembre, el director del FBI le informa a Kissinger que el atentado fue planeado en dos reuniones en Caracas, en las cuales participaron, entre otros, Posada Carriles y Ricardo Morales Navarrete, en esa época miembros de la inteligencia venezolana.
Una de las citas tuvo lugar en el apartamento de Morales, quien admitió ante la fuente del FBI que ese grupo, previamente, había intentado volar aeronaves cubanas en Panamá y Jamaica.
Otro informe de inteligencia revelado menciona a un contacto en Venezuela que escuchó cuando Posada Carriles comentaba la víspera del atentado: "Vamos a golpear a un avión cubano. Orlando tiene todos los detalles".
Aunque 30 años transcurrieron después del sabotaje, y algunos documentos salieron a la luz, hoy continúa siendo una incógnita por qué Estados Unidos, teniendo tanta información en su poder, tampoco no cooperó con los investigadores del hecho.
Y más aún, cuál es la razón para mantener aún en secreto tantos documentos sobre Posada Carriles. http://www.cubaminrex.cu/
