Los dos teléfonos móviles utilizados en la prueba cayeron unos 91 metros, lo que equivale a 30 plantas de un edificio. El primer aparato fue lanzado sin protección, mientras que el segundo 'conejillo de pruebas' fue lanzado con un marco.
El resultado ha sido sorprendente: el iPhone protegido ha quedado partido en dos, mientras que el 'desnudo' siguió funcionando, aunque su pantalla dejó de responder.

