Los investigadores creen que las colisiones de asteroides en los rincones más remotos del universo producen 'escombros' que siguen desplazándose y cayendo a nuestro planeta durante decenas y cientos de miles de años.
Sin embargo, los meteoritos hallados en la Tierra pertenecen a otro tipo, caracterizado por su abundancia en hierro en detrimento de otros metales. Pero, ¿por qué son tan diferentes los unos de los otros?
De acuerdo con los científicos, en su mayoría, los meteoritos caídos en nuestro planeta no provienen de lugares 'cercanos', sino que son producto de choques que se produjeron hace millones de años. Estas colisiones crearon trozos de piedra que navegan por nuestra galaxia desde entonces. El principal problema es que no somos capaces de ver los restos de estos cuerpos celestes hasta que están en las proximidades de la Tierra.
Los científicos determinaron también que el flujo de meteoritos cambia con el tiempo. Así, cuando se produce un gran número de pequeñas colisiones en un espacio relativamente pequeño hay un aumento de estos pequeños fragmentos, es decir, la 'densidad' de los cuerpos celestes en una determinada región del espacio puede aumentar.
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Finalmente, la investigación propone prestar más atención a los grandes choques de asteroides para saber de dónde pueden provenir los meteoritos potencialmente peligrosos en vez de monitorear los objetos ya existentes, que tienen trayectorias más o menos predecibles.


