Moscú, PL, para RIA Novosti. Por Jorge Petinaud Martínez Latinoamérica expresa su independencia respecto a Estados Unidos y el reconocimiento formal al carácter multipolar del mundo en la invitación formulada a Rusia para que participe, por primera vez, en la Cumbre del MERCOSUR.
Anunciada en la semana recién concluida durante la gira por la región del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, la decisión demuestra que el territorio comprendido entre el Río Bravo y la Patagonia dejó de ser "el traspatio" del gigante del norte.
El jefe del Instituto de Estudios de América Latina en Rusia, Piotr Yakolev, considera que la decisión de participar en la reunión de diciembre de 2007 en Uruguay significa el afianzamiento de las posiciones de Moscú en el hemisferio occidental.
Los 10 países congregados en este bloque integracionista reúnen más de 260 millones de habitantes, 13 millones de kilómetros cuadrados y un Producto Interno Bruto de alrededor de mil 200 billones de dólares, un 75 por ciento de todo el del subcontinente.
Estas cifras colocan a este mercado al nivel de la Unión Europea y de la Organización de Cooperación Económica de Asia-Pacífico, señala Yakolev.
La visita de Lavrov al andino Perú y a los miembros del MERCOSUR Uruguay y Paraguay, es el resultado de conversaciones diplomáticas de larga data, orientadas al acercamiento a esa asociación regional.
En lo económico, sus miembros interesan mucho a Moscú, que tiene con Brasil, Argentina y Uruguay un intercambio que ya rebasa los miles de millones de dólares.
La perspectiva de la incorporación formal de Venezuela multiplicaría el monto de esa cifra.
Con su creciente capacidad adquisitiva y sus proyectos de verdadero desarrollo nacional opuestos a las fórmulas fondo monetaristas, las naciones suramericanas constituyen un espacio ideal para la Rusia, que no es un simple exportador de materias primas.
Por solo citar un ejemplo, la experiencia rusa como transportador de gas natural a grandes distancias puede resultar decisiva en la construcción del gasoducto de más de ocho mil kilómetros que impulsa Venezuela a través de varias naciones hasta Argentina.
Frente a la oferta de Washington que pretende imponer una asimétrica alianza de libre comercio sin renunciar al proteccionismo para respaldar sectores de su economía, Moscú también resulta una confiable alternativa tecnológica.
Rusia vive una bonanza económica sin precedentes en la que devino primer exportador de gas del planeta y el segundo de petróleo tras Arabia saudita, con más de siete millones de barriles diarios.
Sus ventas internacionales del oro negro en el primer semestre de 2007 ascendieron a 129,2 millones de toneladas (de 243 millones extraídas), tres por ciento más que en igual etapa de 2006.
En estas circunstancias la ciencia y la innovación rusas tienen mucho que ofrecer a Latinoamérica en el campo de la energética y la minería, la modernización del transporte ferroviario, las telecomunicaciones satelitales y la colaboración en el espacio extra terrestre.
Un capítulo aparte constituye el comercio de técnica militar como variante segura ante la intención de Washington de impedir el fortalecimiento de la capacidad defensiva de la zona, cuando esta comienza a salir de su esfera de influencia.
Desde el punto de vista político, la diplomacia del Kremlin caracteriza al MERCOSUR como una de las influyentes fuerzas internacionales, sin cuya participación es difícil resolver problemas económicos y de seguridad globales.
Moscú cuenta incluso con Brasil como uno de los puntos clave de apoyo en el proyecto BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que supera en alcance económico a Estados Unidos y la Unión Europea.
Latinoamérica, por su parte, encuentra en Moscú un importante aliado en Naciones Unidas, sobre todo en los últimos años, cuando como miembro permanente del Consejo de Seguridad el Kremlim ha rechazado la hegemonía unipolar que Washington pretende imponer.
