Si bien Comey argumentó que la imagen subida el año pasado a sus redes sociales, que consistía en los números "86" y 47" formados por conchas de mar, no tenía ninguna significación violenta y era solo algo que había visto durante un paseo en la playa, Todd Blanche, exabogado de Donald Trump y actual fiscal general interino de EEUU, insistió que se trataba de una amenaza velada hacia el jefe de Estado, ya que 86 "acabar" o "deshacerse" en jerga estadounidense significa y el magnate republicano es el presidente número 47.
"Aunque la acusación destaca por el nombre del acusado, su presunta conducta es el mismo tipo de conducta que nunca toleraremos y que siempre vamos a investigar”, dijo Blanche en conferencia de prensa, luego de conocerse la imputación contra Comey, quien el propio Trump había despedido como director del FBI durante su primer mandato y que luego se convertiría en un fuerte crítico de su presidencia.
Sin embargo, numerosos analistas han señalado que el procesamiento de Comey, que ocurre luego que el FBI frustrara un nuevo intento de asesinato contra Trump, no parece tener otra explicación que el enfrentamiento del presidente con el exfuncionario y
la necesidad de la Casa Blanca de distraer la atención de la guerra emprendida contra Irán, así como los aumentos de precios derivados del conflicto.
Otros expertos opinan que el proceso contra Comey no es un hecho aislado, sino que forma parte de un patrón de conducta que históricamente han adoptado los ocupantes de la Casa Blanca y del que Trump tampoco ha sido ajeno. Así se lo dijo a Sputnik José Luis Romano, internacionalista egresado de la Universidad de la República Oriental de Uruguay (UDELAR).
Casos similares confirman esta estrategia de confrontación constante contra presuntos enemigos como políticas de Estado, señala el analista.
La campaña de presión sobre Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, escaló hasta el terreno de las investigaciones judiciales, en un intento de moldear la política monetaria a gusto del Ejecutivo.
Pam Bondi, fiscal general de EEUU hasta hace unas semanas, fue echada de su cargo —según reportaron varios medios— por el presunto descontento del presidente por su manejo del caso Epstein, que salpicó a numerosos miembros de la élite política y económica global.
Estas embestidas no se limitan a pesos pesados de Washington. También se inscribe en el marco de los ataques a comediantes como el presentador Jimmy Kimmel por sus chistes, con la Comisión Federal de Comunicaciones presionando para que su programa sea cancelado, hasta la imposición de aranceles a ciertos países debido a que sus jefes de Estado no se plegaron a las exigencias de Washington, ya sea en sus ofensivas bélicas o en sus intentos de anexar territorios.
Este intento de saldar cuentas contra adversarios de manera continua ha comenzado a provocar inquietud en las filas republicanas, que buscan mantener su exigua mayoría en el Congreso en las elecciones de medio término del mes de noviembre, cuando se renovarán un tercio de las bancadas de la Cámara de Representantes y la totalidad del Senado.
Esta creciente percepción de que la agenda personal de la Casa Blanca está por encima de la gestión pública perjudicará a los republicanos en los comicios de noviembre, vaticina Losada, quien añade que los demócratas astutamente "han optado por bajar el perfil" y dejar que el voto castigo sea el principal motivador para los votantes en los comicios de medio término.
"Si los republicanos no vuelven a enfocar su estrategia en éxitos como la reducción de la inmigración ilegal o en una agenda económica popular, y dejan que la guerra contra Irán y los pleitos personales del presidente monopolicen la gestión en Washington, estarán en grandes problemas en noviembre", afirma el analista.