Las repercusiones de la guerra en Irán podrían empujar a más de 30 millones de personas nuevamente a la pobreza, en un contexto marcado por interrupciones en cadenas clave como la energía y los fertilizantes.
Así lo advirtió el administrador del PNUD, Alexander De Croo, quien señaló que el impacto ya se refleja en la productividad agrícola y en el encarecimiento de insumos esenciales.
Uno de los principales factores es la escasez de fertilizantes, causada por las tensiones en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de un tercio del suministro mundial.
Esta situación ha reducido la capacidad productiva del sector agrícola, justo en el periodo de siembra, lo que podría traducirse en menores cosechas hacia finales de año y un incremento en los precios de los alimentos.
De Croo advirtió que la inseguridad alimentaria alcanzará su punto más crítico en los próximos meses, mientras los efectos de la guerra continúan expandiéndose, incluso si el conflicto terminara de forma inmediata.
El impacto económico ya es visible a escala global. Según estimaciones, la crisis ha reducido entre 0,5% y 0,8% el producto interno bruto mundial, afectando especialmente a las economías más vulnerables.
Organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Programa Mundial de Alimentos han alertado que el encarecimiento de los alimentos añadirá presión a las poblaciones con menores ingresos.
Además, la crisis está poniendo en jaque los esfuerzos humanitarios en regiones como Sudán, Gaza y Ucrania, donde la reducción del financiamiento podría dejar sin apoyo a millones de personas en situación crítica.
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