Un par de horas después, el Banco Mundial hacía lo propio, informando que el país sudamericano reanudaba relaciones con la institución destacando que "el último préstamo fue en 2005".
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, explicó que el retorno al organismo multilateral permitirá "recuperar no solo las responsabilidades que tenemos dentro del [ente], sino los derechos y activos congelados que tiene nuestro país en este [grupo]".
En declaraciones recogidas por medios oficiales, detalló que esos recursos se destinarán "de manera inmediata" a servicios públicos: recuperación del sistema eléctrico nacional —"golpeado por las sanciones"—, rehabilitación de la red de distribución de agua, atención prioritaria a hospitales y programas sociales.
De la misma forma celebró que con esta decisión, el país sudamericano será parte del Sistema Estadístico Internacional Económico Financiero y podrá fortalecer sus reservas internacionales, dando mayor equilibrio a los indicadores macroeconómicos.
"No hay planes de endeudarse"
Calixto Ortega, vicepresidente Sectorial de Economía y Finanzas de Venezuela, también salió al paso de cualquier especulación sobre un nuevo ciclo de préstamos con el FMI.
En declaraciones al canal del Estado, Ortega enfatizó que "esto no responde a ningún plan de financiamiento con esa institución. Esto es normalizar la representación de la República Bolivariana de Venezuela ante un organismo multilateral".
Ortega vinculó la decisión con una ofensiva diplomática iniciada a principios de año e insistió en que se trata de recuperar derechos, no de contraer nuevas obligaciones.
"Al tener acceso a nuestros propios fondos que están registrados en el exterior, de poder competir, de interactuar con inversionistas extranjeros, vamos a poder mejorar la economía. La recuperación económica de Venezuela la vamos a construir los venezolanos", ponderó.
Un posible problema
Para Ángel Rincón, abogado y profesor de Geopolítica y Geoestrategia, el retorno de Venezuela al FMI no responde únicamente a una decisión autónoma del Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sino a la propia dinámica propiciada por la coyuntura política de enero de este año.
En diálogo con Sputnik, considera que los hechos que llevaron al secuestro del presidente de la República, Nicolás Maduro y de la primera dama, la diputada Cilia Flores, sumados a la presión ejercida por Estados Unidos sobre el Estado venezolano y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, forzaron un giro de 180 grados en la política exterior y económica de la nación sudamericana.
En torno al regreso de Venezuela al circuito financiero, el experto advierte del peso de una herencia que hay que mirar con atención. Según sus cálculos, Caracas tiene una deuda reconocida que podría alcanzar los 170.000 millones de dólares
Para Rincón, el retorno al FMI implicará inevitablemente "refinanciar la deuda" y llegar a acuerdos no solo con el organismo multilateral, sino con otros bancos de desarrollo y países acreedores.
La única vía de beneficio sostenible sostiene, sería que Venezuela pueda "refinanciar ante el Fondo Monetario, el Banco Mundial y los empréstitos directos" gracias a la ampliación de operaciones de compañías petroleras internacionales.
¿Normalización a la vista?
El analista estima que la reactivación de la membresía en el FMI arrastrará la normalización en el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos afines.
También prevé que filiales de PDVSA como Citgo —actualmente bajo control de la oposición venezolana en Estados Unidos— regresen a la órbita de la casa matriz, disolviendo las estructuras ad hoc creadas durante la crisis de 2015.
Al respecto de la expectativa de inversión directa en infraestructura crítica, Rincón la vislumbra como ineludible, dado que busca responder a una crisis estructural que ha dejado apagones recurrentes y fallas en el suministro de agua potable durante años.
Sin embargo, el analista matiza que el verdadero impacto positivo dependerá de si Venezuela logra "vender todos los recursos que pueda producir tras un proceso de adaptación, renovación, adecuación y creación de nuevos empleos".
El desafío, según Rincón, será encontrar "el mejor balance" entre el servicio de la deuda y el impulso a la economía doméstica, de modo que la reinserción financiera "sirva también para impulsar el desarrollo económico y que se traduzca en mejoras salariales".
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