Argentina alcanzó en febrero un nuevo récord de producción de petróleo al llegar a 874.000 barriles diarios, un alza interanual de 15,9% que consolidó al sector energético como uno de los pocos motores de crecimiento de la economía. El avance se explica casi por completo por el desarrollo de Vaca Muerta, que ya concentra la mayor parte del incremento de la oferta nacional.
La formación no convencional ubicada en la provincia de Neuquén (sur) explica hoy el 68% del petróleo y el 56% del gas natural producidos en el país, con 4.470 pozos activos. Dentro de ese esquema, la Cuenca Neuquina concentra el 77,4% del crudo nacional y exhibe un crecimiento interanual del 30,4%, muy por encima del desempeño de las cuencas convencionales.
Los datos oficiales también muestran que el impulso excede al crudo. En el primer bimestre de 2026, el índice de producción industrial minero subió 4,4% frente al mismo período del año pasado, apalancado por la extracción petrolera y por los minerales no metalíferos. En febrero, el bloque de petróleo, gas y servicios de apoyo avanzó 2,8% frente a igual mes de 2025.
En ese mismo período, la producción de petróleo crudo mostró una mejora acumulada del 16,3%, mientras que los minerales no metalíferos y rocas de aplicación, donde sobresale el carbonato de litio, crecieron 16,7%. El contraste aparece en otros segmentos del sector extractivo: el gas natural cayó 4,2% y los minerales metalíferos, como oro y plata, retrocedieron 10,4%.
El crecimiento de Vaca Muerta no solo depende del precio internacional del crudo, sino también de una ampliación de infraestructura que empezó a aliviar los cuellos de botella. Nuevos oleoductos y gasoductos permiten derivar más producción hacia refinerías y puertos de exportación, un paso clave para que la formación pueda sostener un ritmo de expansión más agresivo en los próximos años.
En ese marco, el grupo inversor Goldman Sachs estimó que Vaca Muerta podría atraer hasta 60.000 millones de dólares en inversiones en los próximos cinco años. La apuesta del mercado es que la roca madre, que hoy produce unos 600.000 barriles por día, supere el millón hacia 2030. Si ese sendero se consolida, las exportaciones energéticas podrían pasar de 11.100 millones a 36.700 millones de dólares.
El avance del complejo energético contrasta con el derrumbe del resto del entramado industrial. En febrero, la producción manufacturera cayó 8,7% interanual y acumuló una baja del 6% en el primer bimestre, con retrocesos en 14 de 16 ramas. En ese escenario, el bloque de refinación de petróleo y químicos fue una de las pocas excepciones, con una mejora de 2,7%, reforzando el perfil dual de la economía argentina.
Un alivio duradero
"Los datos no sorprenden y se van a confirmar mes a mes: la producción de hidrocarburos, en especial la de petróleo, va a seguir aumentando, con un salto más marcado hacia fin de año cuando entre en operación el nuevo oleoducto Vaca Muerta Sur. Estos números marcan una expansión constante", dijo a Sputnik Juan José Carbajales, ex subsecretario de Hidrocarburos de Argentina y director de la consultora Paspartú.
Para el experto, el camino luce allanado hacia un crecimiento sostenido: "el récord se va a naturalizar y vamos a acostumbrarnos a ver subas mensuales de producción, porque el desarrollo no convencional ya explica más del 60% del total y el objetivo es alcanzar un millón de barriles diarios, con una parte significativa destinada a exportaciones", precisó.
"El mercado interno está abastecido y no hay ampliación de refinerías, por lo que todo el crecimiento incremental tiene destino exportador, en un esquema donde se busca maximizar la renta y se liberaron los cupos máximos para las exportaciones, dejando atrás la priorización del mercado local", agregó el especialista, en referencia al nuevo marco regulatorio que rige para la industria.
Según el especialista, el potencial del sector se refleja en números concretos. "Argentina pasó de un déficit energético de 4.500 millones de dólares en 2022 a un superávit de 7.800 millones en 2025: hay una tendencia claramente ascendente, con Vaca Muerta como principal generador de divisas y de inversiones", remarcó, al destacar el cambio estructural en la balanza energética.
Salto de calidad
El diagnóstico optimista es compartido entre los investigadores. En diálogo con Sputnik, el economista y ex subsecretario de Energía Eléctrica Paulo Farina afirmó que "no hay dudas de que, hacia 2030, el crecimiento va a ser de dos dígitos y se va a alcanzar el piso del millón de barriles diarios, en un escenario muy promisorio tanto para el petróleo como para el gas, impulsado además por la demanda internacional y la diversificación energética".
Para el consultor, la proyección es un común denominador de los distintos actores del mercado. "Hoy toda la industria opera con la expectativa de crecimiento a dos dígitos, con empresas que acceden a financiamiento a tasas del 8% a largo plazo, sin restricciones de capital y con capacidad para expandir su producción de manera sostenida", sostuvo.
"El principal cuello de botella era la infraestructura de transporte y exportación, pero con nuevos oleoductos en desarrollo esa restricción comienza a ceder, lo que habilita el salto productivo que el sector viene anticipando desde hace varios años", señaló Farina.
Carbajales coincidió con el economista y agregó que el crecimiento registrado "es impulsado principalmente por empresas locales con financiamiento externo, en un esquema gradual donde las inversiones se expanden con las utilidades".
"El sector energético va a aportar soluciones macroeconómicas a través del ingreso de divisas y de inversiones, incluso si no tiene el mismo impacto en el empleo, porque la dinámica de Vaca Muerta es la que va a sostener el flujo de dólares en los próximos años", concluyó Carbajales.
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