Aumenta la morosidad en Argentina por la "caída en los ingresos y en el poder adquisitivo", dice un experto
03:07 GMT, 7 de abril 2026
Juan Lehmann
Desde Argentina
La irregularidad crediticia se disparó abruptamente y llegó a su nivel más alto en 25 años. Las billeteras registraron un aumento del 8% al 25% de morosidad en el último año. "La caída en los ingresos de las familias hace que no puedan afrontar los compromisos asumidos previamente", dijo a Sputnik el economista Guido Zack.
Lea en SputnikLa morosidad de los créditos en Argentina no deja de batir récords: la irregularidad trepó al nivel más alto desde la crisis de 2001 y encendió una nueva señal de alarma sobre la economía doméstica. Según datos del Banco Central, los préstamos a familias con más de 30 días de atraso ya representan el 9,3% del total, en un contexto de ingresos debilitados, tasas elevadas y mayor dependencia del financiamiento.
El fenómeno avanza sobre una base cada vez más amplia. Unos 20,5 millones de argentinos tienen hoy algún tipo de deuda financiera, el equivalente a cerca del 60% de la población adulta. La cifra supone un aumento de casi dos millones de personas respecto de fines de 2024 y refleja hasta qué punto el crédito se expandió como recurso para sostener consumos y cubrir gastos corrientes.
El deterioro es más visible en los segmentos de menores ingresos. Los créditos de hasta un millón de pesos —unos 700 dólares— explican casi la mitad de dichos instrumentos y ya presentan una morosidad del 25%, el doble de la que muestran los de montos altos, en los que el incumplimiento se reduce al 12%.
También se amplió la brecha entre prestamistas. En las entidades no financieras, sobre todo billeteras virtuales y cadenas que financian ventas propias, la irregularidad saltó del 8% al 25% entre fines de 2024 y 2025. En la banca tradicional, en cambio, pasó del 3% al 11%. La diferencia exhibe una presión mayor sobre los sectores que acceden al crédito en condiciones más caras y flexibles, marginados del sistema bancario.
Detrás de esa dinámica aparece una combinación de ingresos todavía deprimidos y un fuerte encarecimiento del dinero. De acuerdo con el análisis del Banco de la Provincia de Buenos Aires, los ingresos reales permanecen entre 5% y 10% por debajo de sus niveles previos, mientras que las tasas de interés llegaron a rozar el 160% durante el segundo semestre de 2025.
Ese cóctel alteró la función del crédito. Lo que inicialmente operó como un complemento para sostener el consumo empezó a convertirse en una carga difícil de afrontar. La aceleración de la inflación, que pasó del 1,5% mensual en mayo de 2025 al 2,9% actual —tras una reducción formidable durante el 2024—, terminó de deteriorar la capacidad de pago de hogares que ya llegaban con ingresos ajustados y menor margen para refinanciarse.
La tensión no se limita a las familias. En diciembre de 2025, la mora en créditos comerciales llegó al 2,7%, frente al 0,8% de un año antes. El deterioro es más severo entre las pequeñas y medianas empresas, en las que la irregularidad alcanza el 4%. Los rubros de construcción y comercio minorista, los más afectados por la caída en el consumo, aparecen entre los sectores más comprometidos.
El cuadro se completa con otras señales de fragilidad. La cantidad de personas con deudas impagas tanto en bancos como en entidades no bancarias creció un 29%. La consultora financiera Moody’s advirtió sobre el deterioro de la calidad de los activos del sistema. Para el mercado, la subida de la mora ya no describe un problema aislado del crédito, sino que empieza a reflejar un estrés financiero más amplio.
La tormenta perfecta
"El aumento de la morosidad responde, por un lado, a un aumento del crédito, sobre todo en el segundo semestre de 2024 y el primer semestre de 2025, y por otro a la imposibilidad de pagarlo, que arranca durante el segundo semestre del año pasado y continúa hasta la actualidad", dijo a Sputnik el economista Guido Zack, director de Economía del think tank Fundar.
De acuerdo con el experto, el problema se centra en el declive de los salarios registrado en el último año: "La caída en los ingresos y en el poder adquisitivo de las familias hace que no puedan afrontar los compromisos asumidos previamente".
"La imposibilidad de hacer frente a esos compromisos tiene que ver con varios factores combinados, y también se vincula con cierto deterioro en las condiciones financieras generales de la economía, que hace que las mismas instituciones financieras no estén dispuestas a refinanciar los créditos", agregó el consultor.
La mirada es compartida entre los especialistas. Consultado por Sputnik, el economista Miguel Ponce advirtió que "la morosidad hoy está en niveles críticos que no se veían desde la crisis económica de 2001, con una señal de alerta centrada en los hogares y en el crédito de consumo".
"Lo que muestran los indicadores bancarios es un deterioro acelerado y generalizado en el último año", precisó. Para Ponce, el éxito inicial del Gobierno al haber reducido drásticamente la tasa de inflación durante su primer año —a pesar de la leve aceleración registrada desde mediados de 2025— atenta contra la morigeración del peso del crédito para las familias.
"Se terminó el efecto de licuación: con menor inflación, las cuotas ya no se devalúan mes a mes y el peso real de la deuda sobre el salario es mucho mayor. Hoy la deuda bancaria promedio equivale a tres salarios y medio, cuando en 2023 era de un salario y medio", resaltó el investigador.
La trampa del "crédito fácil"
Ambos expertos subrayaron que la situación resulta incluso más compleja en el segmento de las billeteras virtuales, fuente de endeudamiento para las familias que no logran acceder al sistema bancario al no cumplir con requisitos indispensables como ingresos comprobables.
"Las billeteras virtuales están sujetas a menos regulación en términos de intermediación y, de hecho, lo que prestan no son los depósitos de sus clientes, sino recursos propios", explicó Zack. El economista precisó que "estos recursos propios están sujetos a una menor regulación y, por lo tanto, suelen ser a una tasa mayor", lo que hace que ese financiamiento resulte más costoso en comparación con el sistema bancario tradicional.
"En una situación de estrés económico, las familias de menores ingresos son las primeras damnificadas. Ante una mayor volatilidad, las instituciones intentan cobrar lo prestado y se vuelven más reacias a ofrecer refinanciamientos", apuntó.
En ese marco, el principal desafío remite a lidiar con los crecientes intereses sobre lo adeudado. Ponce explicó que "los hogares utilizaron el crédito para sostener el consumo ante la pérdida de ingresos, pero ahora se están ofreciendo refinanciaciones que muchas veces terminan generando doble endeudamiento". El economista agregó que "se cambia la deuda de tarjeta por un préstamo personal más barato y, al poco tiempo, vuelve a crecer el saldo de la tarjeta".
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