
El señor Fidel Hermenegildo es un devoto de larga tradición católica. Por eso recorrió tantos kilómetros desde Hermosillo hasta la Ciudad de México: para formar un catálogo con las piezas más icónicas de las iglesias más importantes de su país. Es por ello que, con una cámara profesional, toma fotografías a diestra y siniestra en el viejo Templo La Profesa, donde de pronto es abordado por un par de hombres que se dicen "vigilantes" de esta joya barroca del siglo XVIII. Le comentan —con tono intimidante— que no puede tomar imágenes ni video. Él les explica que es sólo un turista y un feligrés más en este país donde 78 de cada 100 personas se declaran católicas, según estadísticas oficiales del INEGI. Su petición no es escuchada. No sólo debe abandonar el lugar: también lo obligan a eliminar sus fotografías.
Lo que le pasó a Fidel Hermenegildo no es tan atípico como parece. Es, de hecho, el síntoma de un problema que afecta no sólo la Iglesia católica, sino al patrimonio de un país entero cuyos antiguos templos mesoamericanos fueron enterrados por la liturgia católica: el robo de piezas de arte sacro. En este caso, lo que los vigilantes buscaban prevenir era el famoso "robo por encargo", un formato criminal en el que se fotografían a detalle ciertas piezas de alto valor, luego se suben a un catálogo y, posteriormente, se venden en el mercado negro, coinciden en entrevista con Sputnik autoridades religiosas, gubernamentales y expertos en este tipo de arte devocional.
Con más de 10.000 templos distribuidos en todo México, el robo de arte sacro es un delito de alta recurrencia que pasa relativamente desapercibido ante otras actividades criminales más comunes, como el narcotráfico, el contrabando de combustible o la trata. Apenas en enero pasado, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, tres hombres fueron detenidos por la policía local en poder de tres custodias u ostensorios religiosos cuyo valor superaba los 110.000 pesos (más de 6.000 dólares). Además, los sujetos también transportaban bolsas de mariguana.


Rodrigo Agüero, especialista en antigüedades y libros antiguos de Morton Casa de Subastas
"Lamentablemente, es un delito que ha avanzado a pasos agigantados. En noviembre de 2025, por ejemplo, tuvimos que devolver un cuadro que estaba a punto de ser subastado, pero que había sido robado de la Capilla de San Francisco Mazapa, en Teotihuacán. Sin embargo, en Morton, junto con [la plataforma] Art Loss Register, nos dimos a la tarea de devolver este cuadro al pueblo de México, porque esta pintura tardó 24 años en regresar a casa".

Agüero afirma que resulta muy complicado para una casa de subastas identificar la legalidad de una pieza religiosa en materia de propiedad, ya que "no todo el arte sacro es propiedad de la nación", pues también hay objetos que pertenecen a capillas que están dentro de haciendas privadas o que, simplemente, fueron heredados generación tras generación, aunque alguna vez hayan estado formado parte del inventario de una iglesia. En el caso del óleo de San Francisco de Asís, su precio de salida era de entre 80.000 y 100.000 pesos (entre 4.500 y 5.600 dólares), lo cual significa que, si hubiera entrado en puja, pudo haber sido vendido en tres veces o más de ese valor, o sea, hasta en más de 17.000 dólares.
Este factor, señala el experto, hace que el arte devocional sea de tanto interés para los delincuentes. Finalmente, dice, acreditar la propiedad de un lienzo, una escultura, una corona, un sagrario o cualquier otra pieza sacra no es tan sencillo debido a la falta de estadísticas e inventarios confiables acerca de la riqueza que tiene México en esta materia. Y aunque en Morton Casa de Subastas tienen expertos para verificar la autenticidad de una obra, en realidad se rigen bajo "el principio de buena fe" a la hora de admitir una obra. Por ello, apunta Agüero, es necesario colaborar de cerca con plataformas como Art Loss Register, una gigantesca base privada de datos globales acerca de obras de arte, antigüedades y objetos de colección perdidos, robados o saqueados.


Javier Martínez Burgos, arquitecto de Monumentos Históricos del INAH y académico de la UNAM
Cualquier bien que se haya producido en México entre los siglos XVI y XIX y que pertenezcan o hayan pertenecido a la Iglesia como institución entra en la definición de "patrimonio de la nación", al menos en lo que corresponde a la letra, advierte en entrevista con Sputnik Javier Martínez Burgos, arquitecto de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dependencia del Gobierno de México encargada de la investigación, preservación, conservación, protección, docencia y difusión del patrimonio paleontológico, arqueológico, antropológico e histórico de la nación mexicana.
Sin embargo, precisa, a diferencia de los bienes arqueológicos —que son "propiedad inalienable e imprescriptible de la nación"—, la compra-venta del arte sacro mexicano no está prohibida por las leyes federales mexicanas, ya que aunque a priori es propiedad estatal, diferentes guerras, episodios y convulsiones históricas entre el Estado mexicano y la Iglesia a lo largo de la historia hicieron que muchas piezas pasaran a formar parte de "propietarios privados" por un "acto de buena fe". Por ejemplo, durante la Guerra de Reforma (1857-1861) o la Guerra Cristera (1926-1929), las autoridades eclesiásticas donaron o vendieron muchos bienes a familias, haciendas o pueblos. Eso generó que muchos objetos fueran considerados "propiedad privada".
Y es precisamente aquí donde entra un "vacío legal" que ha propiciado que las piezas de arte sacro acaben siendo comercializadas en galerías de arte, casas de subastas o en el mercado negro, observa el también académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"A diferencia de lo arqueológico, donde no existe la propiedad privada porque todo es un bien de la nación y, por lo tanto, no puede comercializarse, en el caso de los bienes religiosos eso no existe. Y aunque en 2021 México firmó la convención internacional [de Fortalecimiento de la Cooperación contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales] y a raíz de ello ha habido un interés de recuperación y repatriación de bienes arqueológicos, no ha sucedido lo mismo con los bienes religiosos, porque tristemente dejamos un vacío [jurídico] de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX".
Jurídicamente, el arte sacro es protegido por lo que las leyes mexicanas definen como "Monumento Histórico", es decir, todo aquello producido a partir de la Conquista en 1521. Se trata, en suma, de cuatro siglos de abundante producción artística ordenada, financiada y gestionada por la Iglesia. No es un secreto que la Nueva España era uno de los principales centros culturales de la Corona española, con reconocidos nombres como Cristóbal de Villalpando, Juan Correa, Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel Correa y Sebastián López de Arteaga. Pinturas, esculturas, biombos, retablos, campanas, cálices, incensarios, sagrarios, crucifijos, libros... Es un universo inmenso del cual, desafortunadamente, no se tiene un inventario detallado, ni desde el Gobierno de México ni desde la Conferencia del Episcopado Mexicano.
"La ley define que [los Monumentos Históricos] son de interés de la nación, no propiedad de la nación. Y ahí, en ese vacío de palabras que los abogados saben manejar muy bien, es donde puede darse la comercialización. Porque si una persona tiene cualquier objeto relacionado con esa época, aunque claramente haya sido producido para la Iglesia, si la tienes en tu casa desde hace 100 años o más, entre comillas tienes un derecho adquirido de propiedad, y es ahí donde no se ha avanzado en lo jurídico para evitar la comercialización".

La Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas de México dice:
"Por determinación de esta Ley son monumentos históricos (...) los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos; arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive".

Ni el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ni la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) cuentan con un inventario completo e integral de todo el arte sacro y los bienes muebles religiosos que existen en el país, por lo que no hay forma de identificar la ubicación y el estado de cada pieza.
Si bien hay algunos registros en cada diócesis del país, como tal no existe un catálogo unitario y aún hay muchos bienes a la deriva sin una ficha de reconocimiento. Esta falta de documentación por parte de las autoridades gubernamentales y eclesiásticas de México es aprovechada por los delincuentes, quienes también se valen de la poca o nula seguridad que hay muchos templos para cometer sus hurtos.
"Terminar el inventario [de bienes muebles de las iglesias] es una tarea que tenemos pendiente, y aquí hablo formando parte del INAH, porque es un trabajo que la institución tiene por ley, pero que desafortunadamente se hace muy lento debido a la múltiple carga laboral y los recursos que son cada vez más escasos. En muchas ocasiones trabajamos con la colaboración de la propia sociedad, pero ésta a veces tampoco coopera", señala el experto del INAH.

El área de investigación y conservación de bienes muebles del INAH, explica Martínez Burgos, es la encargada de realizar los inventarios, así como de formar a la sociedad en el reconocimiento de estos bienes para que elaboren sus propios registros. Sin embargo, reconoce el especialista, es un trabajo que tendría que avanzar más rápido, como ha sucedido en el caso del catálogo de bienes inmuebles —iglesias, conventos u otros edificios de carácter religioso—, que incluso cuenta con una plataforma pública digital.
"No puedes conservar lo que no conoces. Primero necesitamos conocer que tenemos. Y eso significa tener fichas, descripciones y documentación del acervo que hay en cada lugar, así sea el más alejado de este país", asegura Martínez Burgos.


Claudia Alejandra Garza Villegas, secretaria de Dimensión de Bienes Culturales y Arte Sacro de la Comisión del Episcopado Mexicano
Desde el lado de la Iglesia católica de México tampoco poseen un catálogo completo ni unitario. Claudia Alejandra Garza Villegas, secretaria de Dimensión de Bienes Culturales y Arte Sacro de la Conferencia del Episcopado Mexicano, reconoce en entrevista con Sputnik que "no tenemos como tal un registro de cada una de las cosas porque le toca a cada diócesis hacerlo".
"No [hay un registro integral]. En realidad, cada diócesis es responsable de esto dentro de la autonomía que tiene cada una. A ellas les toca promover sus inventarios. Nosotros desde el Episcopado promovemos que las diócesis lo hagan", comparte.
"Sabemos que hay más de 10.000 iglesias y podemos pensar que todas tienen un patrimonio cultural muy rico. A veces uno se encuentra con una iglesia que se construyó en el siglo XX, pero adentro tiene esculturas y pinturas de la época novohispana. Sólo en la Arquidiócesis Primada de México hay 632 iglesias, mientras que sólo en el Centro Histórico de la Ciudad de México tenemos 40 iglesias antiguas y, dentro de ellas, en algunas hay más de 200 obras de arte sacro. Entonces, en realidad los números son bastante elevados. Tenemos este tipo de estadísticas, pero no contamos como tal con un registro de cada una de las cosas porque le toca a cada diócesis hacerlo", señala la también restauradora de arte egresada del INAH.
Una diócesis es una porción o distrito territorial de la Iglesia católica, compuesto por parroquias y fieles, bajo la jurisdicción espiritual y pastoral de un obispo.
RAE

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) no tiene por el momento datos actualizados sobre los robos de arte sacro cometidos en el país en los últimos años, aunque reconocen que se trata de "un problema gravísimo" que no disminuye, sino que se mantiene, apunta Garza Villegas.
En el ámbito académico, asegura, también hay obras sacras cada vez más estudiadas por instituciones reconocidas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH, lo cual, añade, permite progresar en la gigantesca tarea de formar un inventario.
Sin embargo, otro de los factores que dificulta el combate al robo de piezas artísticas religiosas es que no existen datos actualizados ni oficiales sobre este delito. La misma CEM dio algunas estadísticas en 2019, como aquella que indicaba que un promedio de 26 iglesias son robadas cada semana y que este crimen ha aumentado en 600% desde que comenzó el siglo XXI.
Los datos más nuevos sobre esta actividad criminal fueron elaborados por el Centro Católico Multimedia (CCM), una organización que lleva años documentado la violencia contra los sacerdotes y la comunidad católica de México. Su más reciente informe correspondiente a 2024 es contundente:

"Los ataques [a iglesias] incluyen robos, profanaciones, extorsiones, incendios y agresiones, con un promedio de 26-28 incidentes por semana (aproximadamente 1.400 al año). Esto representa un aumento significativo: en la década de 1990 se reportaba sólo cuatro ataques semanales, multiplicándose a casi por siete en la actualidad"
84% de los delitos son: Robos comunes, sustracción de objetos religiosos, asaltos a fieles, "ordeña" de cepos o alcancías y robos de metales de algún valor en particular como bronce o cobre, o bien, robo de arte sacro como negocio lucrativo.
10% de los delitos son: Agresiones directas atribuidas al crimen con delitos de alto impacto donde están involucradas armas de fuego.
6% de los delitos son: Agresiones directas contra la fe como sacrilegios, profanación de objetos sagrados y denigración de lugares e imágenes religiosas o cementerios como anexidades de templos, con diferentes objetivos.
"El arte sacro, que incluye pinturas, esculturas, objetos litúrgicos y reliquias religiosas de época colonial o posterior, ha sido blanco de robos recurren-tes, especialmente en templos rurales. Desafortunadamente no existe un informe específico y consolidado de la Secretaría de Cultura o de los responsables del patrimonio cultural y religioso de la Conferencia del Episcopado Mexicano", advierte el CCM.

Una investigación independiente del diario mexicano Milenio —basada en datos solicitados al Patrimonio Cultural Robado de la Interpol— revela que el 65% de los casos de los saqueos de arte en México corresponden a robos de arte sacro. Además, según el reportaje, en las últimas cuatro décadas han registrado el hurto de 430 piezas de este tipo de producción artística.
Sin embargo, los expertos coinciden en que estas cifras —basadas en denuncias formales ante las autoridades mexicanas y la Interpol— representan sólo una pequeña porción de los delitos que realmente se cometen.
"En el gremio se especula mucho que en el mercado negro circula un catálogo [de arte sacro mexicano], pues se tiene conocimiento que, desde 2008 o 2009, comenzó a visibilizarse gente tomando fotografías en los templos, pero ya no eran turistas, sino personas especializadas en el tema que conocían el valor artístico de las obras", explica Martínez Burgos, arquitecto del INAH.
En ese sentido, afirma, el robo de arte sacro pasó de ser un fenómeno casual o espontáneo para convertirse en un delito especializado que encontró una salida en el mercado ilegal del lavado de dinero a través de la comercialización privada o las subastas. "Ahora el robo es por pedido, por encargo. Es gente especializada, ya no sólo es el ladrón de calle", sostiene el experto.
Según las diversas fuentes consultadas por Sputnik, los objetos más robados son:
Pintura de caballete al óleo de pequeño y gran formato.
Esculturas de bulto en madera, cerámica o piedra.
Retablos (que son seccionados con fines delictivos).
Campanas (por su alto valor metálico).
Sagrarios, coronas, incensarios, cálices, crucifijos y ostensorios.
Libros y documentos históricos.
"Hay una cantidad desconocida de bienes, desde un pequeño cuadro de la Pasión de Cristo muy artesanal, hasta pinturas de artistas importantísimos como Cristóbal de Villalpando. Hay mucha obra religiosa que hacían estudiantes y aprendices de los grandes maestros el siglo XVI y XVIII de la Academia de San Carlos [en la Nueva España] o de la Academia de San Fernando en España", abunda Martínez Burgos.
En México, dice el experto, "somos muy abiertos y te dejan entrar a oficinas de iglesias donde se pueden encontrar documentos firmados por virreyes o artistas, o contratos y papeles relevantes que, por su amplio valor histórico y cultural, poseen un valor alto en el mercado del arte".
Por ejemplo, una pintura Tota pulchra de finales del siglo XVII alcanzó un precio de salida de entre 11.000 y 28.000 dólares en una subasta realizada en la Ciudad de México por Morton, mientras que una escultura de Santa Bárbara del siglo XVIII en madera encarnada, dorada y con dientes en hueso logró un valor de salida de 3.350 dólares.


Hace poco, Morton Casa de Subastas detuvo una puja para devolver, por orden de la Fiscalía, un par de estribos de plata del siglo XIX que habían sido sustraídos ilegalmente de una iglesia en Puebla, que pertenecen a la silla de montar de una escultura religiosa de Santiago Apóstol. Asimismo, las autoridades federales mexicanas recuperaron en aquella misma ocasión una jarra de plata sobredorada formando un águila del siglo XIX, que había sido hurtada de la Catedral de Zacatecas.
"El problema es que no hay inventarios actualizados. Es una tarea titánica que no se ha terminado de acabar. Y definitivamente es un negocio muy lucrativo. En la década de 1980, por ejemplo, Sendero Luminoso [una organización peruana] conseguía parte de su financiamiento a partir del tráfico documental, cultural y artístico", afirma Rodrigo Agüero, experto en antigüedades de Morton.
De hecho, una de las piezas más caras de arte sacro que ha subastado Morton fue una pintura de Cristóbal de Villalpando de José le pide perdón a la Virgen, que al final fue vendida en 1.800.000 pesos, es decir, unos 103.000 dólares.
También refiere que entre las piezas más subastadas están muchas imágenes o esculturas de la Virgen de Guadalupe, una figura que ha sido considerada símbolo nacional y que incluso fue utilizada por el padre de la patria Miguel Hidalgo y Costilla durante su levantamiento armado contra la Corona española.
"La Virgen de Guadalupe es un símbolo de unión, símbolo del mestizaje, la unidad de criollos e indígenas. Hubo una pintura de Miguel Cabrera que se subastó en más de 600.000 pesos [34.000 dólares], pero usualmente se subastan muy seguido entre 15.000 y 100.000 pesos [entre 836 y 5.600 dólares]",


Hace un par de años, dice, se detuvo también una subasta de libros de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México en los cuales se detallaban los censos poblaciones de la época novohispana. Según el experto, fueron sustraídos ilegalmente en la década de 1960 o 1970, pero "todavía no se da resolución a este caso".
"Nuestro país es muy rico en arte sacro por el Patronato Real que tuvo la Corona española, que era una potestad que le ordenaba la Iglesia católica a España para que permeara la fe en todas las colonias continentales y de ultramar. Por eso, cada pieza debía llevar el sello del Patronato Real, porque estaba muy conjugada la fe con la vida diaria mexicana", explica Agüero.
Según el CCM, sólo 1 de cada 100 piezas culturales robadas en iglesias se recupera en México, una estadística que demuestra la gravedad de este problema, más si se toma en cuenta que el comercio ilegal de piezas religiosas en América Latina asciende a 20 millones de dólares mensuales, de acuerdo con la Interpol.

"No es casual que estos ataques ocurran en regiones con alta incidencia delictiva; el crimen organizado, el narcotráfico y la delincuencia común, ven en las iglesias blancos fáciles, desprotegidos por un Estado laico que, irónicamente, es responsable de garantizar la libertad religiosa", señala el informe del CCM.
Y aunque "la violencia contra lo sagrado fue por mucho tiempo una crisis oculta", según las autoridades eclesiásticas, es hora de visibilizar este tipo de delitos de los que poco se habla, pero tanto se gana en la delincuencia.