A través de un comunicado, la Cancillería de Chile confirmó el 24 de marzo su resolución de "retirar el apoyo de Chile" a la aspiración de la expresidenta del país sudamericano (2006-2010 y 2014-2018), atribuyendo la decisión a que "la dispersión de candidaturas de países de América Latina y las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable esta candidatura y el eventual éxito de esta postulación".
La exmandataria respondió con una declaración en la que asegura que su disposición para afrontar la candidatura sigue "intacta", por lo que seguirá adelante con la candidatura junto a los gobiernos de Brasil y México, quienes impulsaron originalmente el nombre de la dos veces presidenta chilena.
Consultado por Sputnik, el politólogo chileno Marcelo Mella sostuvo que, a pesar de las diferencias ideológicas que podían preverse entre Bachelet y Kast, la quita del apoyo "no era tan esperable", dado que "rompe una tradición histórica en el manejo de la Cancillería en relación a las definiciones de largo plazo".
"Si hay algo que distingue a la política exterior chilena es tender a ser una política más institucional, no partidista y no alineada con los gobiernos de turno sino apuntando a los intereses permanentes del Estado de Chile. En ese sentido, la decisión de Kast ha sido sorpresiva y ha generado un clima negativo", apuntó el analista.
Para el experto, Kast podría haber adoptado una postura de "realismo político" que, aún exponiendo las diferencias políticas e ideológicas entre Bachelet y Kast, podría haber mantenido un apoyo a la candidatura, generando "menos daño" a la política exterior chilena.
También consultado por Sputnik, el experto ecuatoriano en Relaciones Internacionales, Santiago Carranco, opinó que el episodio en torno a la expresidenta chilena obedece "a la situación en la que se encuentra el sistema internacional", que no solo se encuentra "extremadamente polarizado", sino que también ha pasado "de un orden basado en las instituciones a uno basado en la coerción".
Carranco atribuyó a ese contexto internacional que el Gobierno de Kast haya decidido quitar el apoyo a Bachelet, aún cuando tenía las condiciones para ser una candidatura "fuerte" para la Secretaría General de la ONU. Asimismo, manifestó sus dudas con respecto al "análisis interno" que la Cancillería chilena dice haber hecho para justificar su decisión.
"Es bastante llamativo saber que hay una candidatura fuerte que puede ser patrocinada por otras naciones, pero no está apoyada por su propio país. Eso demuestra, en efecto, que hay un fraccionamiento del sistema internacional que termina promoviendo políticas exteriores reaccionarias y no a largo plazo", explicó el académico y coordinador del Laboratorio de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).
En ese marco, el experto lamentó que actualmente América Latina "no tiene una sola herramienta para enfrentar esta situación", dado que instancias como la Comunidad de Estados Americanos y Caribeños (CELAC) no son efectivas para generar acuerdos regionales.
"Definitivamente los mecanismos de integración regional que hubiesen servido para contrarrestar esto están siendo mal utilizados en este momento", complementó.
¿Una figura "de consenso" en el Consejo de Seguridad?
Con su decisión de mantenerse en carrera aún sin el apoyo de su país, Bachelet sigue dentro de una lista de candidaturas latinoamericanas que, por el momento, incluye también al actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi; la exsecretaria general iberoamericana, la costarricense Rebeca Grynspan; la diplomática ecuatoriano-libanesa Ivonne Baki o la diplomática argentina Virginia Gamba.
El analista recordó que, si bien existía cierto acuerdo para que el cargo de ONU recayera esta vez en una figura latinoamericana, también se inscribió la candidatura del expresidente de Senegal y extitular de la Unión Africana Macky Sall, impulsado por Burundi.
Carranco reconoció que, ante una alta dispersión de posiciones en América Latina, la postura que tome el Gobierno de EEUU puede terminar siendo clave. Así, aventuró que es posible que todos los países que han participado de la iniciativa "Escudo de las Américas" terminen plegándose a la candidatura apoyada por Washington.
De esta forma, el experto afirmó que en un escenario de un posible apoyo de EEUU a Sall o a Baki "lo más coherente" sería que los países latinoamericanos respalden a Bachelet para asegurarse una representante latinoamericana al frente de la ONU. Sin embargo, el devenir de la votación también podría llevar a México y Brasil a cambiar de postura si otra candidatura les permite asegurar un mayor consenso.
De hecho, eso sucedió en 2025 durante la elección del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva modificó su postura inicial de apoyar al paraguayo Ruben Ramírez Lezcano para dar su voto al surinamés Albert Ramdin, quien terminó siendo electo.
Para Mella, Bachelet tiene "suficiente reconocimiento en la comunidad internacional como para tener un apoyo bastante robusto" incluso si no cuenta con el respaldo de Chile y otros Estados latinoamericanos. Según el analista, el nombre de las dos veces presidenta chilena podría convertirse en una solución en caso de que el proceso de selección se estanque a la interna del Consejo de Seguridad de ONU.
"Ante una fragmentación de candidaturas y la posibilidad de que haya vetos recíprocos entre EEUU, China y Rusia, es perfectamente posible que, en elecciones sucesivas en el Consejo de Seguridad, el nombre de Bachelet aparezca como una alternativa de consenso", planteó el politólogo y docente de la Universidad de Santiago de Chile (Usach).
Para Carranco, Bachelet puede sobreponerse todavía a los otros nombres en pugna por tener "una influencia en todo el mundo" y cumplir con el criterio que se había acordado de otorgar el puesto a una mujer latinoamericana.
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