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Las mujeres de Ecuador se abren paso en la ciencia, pero "todavía hay mucho por mejorar"

El panorama de la ciencia en el Ecuador presenta un progreso que, si bien puede ser alentador, al ser examinado de cerca, revela grietas estructurales profundas en cuestiones de igualdad de género. En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora este 11 de febrero, el país está en un punto de inflexión.
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Si bien los indicadores de acceso y participación de las mujeres al sector científico han escalado, el techo de cristal y la invisibilización siguen siendo la norma en los pasillos académicos y los laboratorios de alta dirección en Ecuador.
Para Claudia Segovia, doctora en Botánica, maestra en Biología Ambiental y Vegetal y cofundadora de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI), la fecha no es solo una celebración, sino una trinchera necesaria para la visibilidad.

"En realidad, esta fecha es importante porque es un momento, un día al año, que nos permite conmemorar y recordar que la presencia de las niñas y las mujeres en la ciencia es importante. Sin embargo, a pesar de que hemos mejorado muchísimo, todavía tenemos mucho por mejorar en el Ecuador", explica a Sputnik la científica.

Y es que la brecha de género es un muro para todas las mujeres, incluyendo a pueblos y nacionalidades indígenas. Así lo vive Melissa Chávez Araque, bióloga y líder de Warmi STEM, una organización de mujeres kichwas que busca romper con los estereotipos de las profesionales indígenas en estas áreas.

"Nuestro principal objetivo es crear una red de profesionales indígenas que se involucren en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas", señala a Sputnik Chávez, quien combina su formación en biología vegetal con el impacto social.

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¿Una ilusión de igualdad de género?

En el tablero internacional, Ecuador parece llevar la delantera. Mientras los datos globales de la Unesco (2020-2025) sitúan la participación femenina en la ciencia en un 33%, el país sudamericano registra un 41%. No obstante, Segovia advierte sobre la "frialdad" de estos números que, a menudo, dice, funcionan como un espejismo de equidad que no llega a las esferas de poder.
"Podemos tener un 41% de mujeres en ciencia, pero ¿cuántas de ellas son directoras de proyectos? ¿Cuántas son jefes de laboratorio?", cuestiona Segovia.
Los datos de la investigación Participación de las mujeres en el desarrollo de la investigación de un país, 2025, revelan que, en los últimos 100 años, apenas un 22% de los artículos tienen a una mujer como primera autora.

El muro cultural

Según Segovia, el desafío no es solo técnico o de presupuesto: es una batalla contra un "contexto cultural sumamente fuerte", ya que persiste una construcción social en la que las carreras científicas y la noción de autoridad académica están intrínsecamente ligadas a lo masculino. Esta percepción, afirma, ha provocado que, históricamente, las mujeres se sientan "un poco relegadas a otros espacios en los cuales no se consideran científicos".
La academia, sostiene, lejos de ser un entorno aséptico, reproduce los vicios de la estructura social externa. Por ello, describe un ecosistema donde la jerarquía es rígida y los obstáculos son cotidianos para quienes intentan romper el molde. Para Melissa Chávez, a esto se suma el peso de la subrepresentación.

"¿Cómo una mujer puede verse a sí misma como una líder si no ve a una figura similar a ella reflejada?", cuestiona Chávez.

Y es que, para muchas investigadoras, el costo de permanecer en el sistema implica romper estereotipos y roles preestablecidos, una lucha que a menudo deriva en el abandono de la carrera científica.
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Principales desafíos y urgencias

Uno de los obstáculos más persistentes es la dificultad de compaginar la vida personal y familiar con las exigencias de la academia, asegura Claudia Segovia.

"A mí me habían preparado para ser la que estaba en la casa, a cargo de los niños, y no para ser la que está en el laboratorio. Romper eso fue sumamente duro; sentir que la sociedad no esperaba eso de mí", cuenta.

En un sistema que valora a los científicos por la cantidad de fondos captados y el número de publicaciones, las mujeres enfrentan una carrera de obstáculos. "El conseguir fondos de investigación se nos hace más difícil porque cumplimos muchos más roles", añade.
Este es, para Warmi STEM, el principal desafío que debe manejarse de manera urgente en todos los niveles educativos para evitar que el talento se pierda por falta de condiciones óptimas.

Referentes para el futuro

Pese a las dificultades, el camino trazado por estas pioneras ecuatorianas sirve de faro para las nuevas generaciones. Segovia destaca a una científica muy importante a nivel nacional que le ha servido de inspiración: la doctora Eugenia del Pino, una de las científicas más eminentes del país, bióloga del desarrollo y la primera ecuatoriana en ser elegida miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y la primera latinoamericana en recibir el Premio de la Sociedad de Biología del Desarrollo (2022).
"Tenemos que trabajar mucho en creernos a nosotras mismas", concluye Segovia.
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