Un avión militar de Estados Unidos aterrizó en la provincia de Tierra del Fuego, en el extremo sur argentino, en medio de un fuerte hermetismo oficial, dos días después de que el Gobierno nacional interviniera el puerto de su capital, Ushuaia, un enclave para la logística antártica y la proyección sobre el Atlántico sur. La ausencia de comunicaciones públicas sobre el operativo activó alertas políticas y pedidos de explicaciones a nivel local.
La aeronave, un Boeing C-40 Clipper perteneciente al Departamento de Defensa norteamericano, trasladó a una comitiva bipartidaria de congresistas integrantes de la Comisión de Energía y Comercio del Congreso estadounidense. El arribo se produjo sin anuncios previos ni posteriores del Ejecutivo argentino, ni precisiones sobre permisos, agenda o motivos de la visita.
Autoridades locales señalaron que la provincia no intervino en la autorización del vuelo por tratarse de competencias nacionales, mientras que tampoco hubo comunicados de los organismos argentinos de defensa o transporte aéreo. La opacidad contrastó con la sensibilidad del punto de aterrizaje.
El episodio cobró mayor relevancia por el timing político. Previo al arribo, la Casa Rosada había dispuesto la intervención del puerto austral —pese a que su administración está legalmente en manos de la provincia—, alegando presuntos desvíos de fondos y problemas de infraestructura. De este modo, la Nación desplazó a autoridades locales y concentró el control operativo en el Ejecutivo, en un puerto estratégico para el abastecimiento antártico, el turismo y el comercio marítimo.
El hermetismo alimentó especulaciones sobre eventuales entendimientos bilaterales más amplios. Algunas versiones mencionaron conversaciones en torno a infraestructura portuaria y cooperación logística, aunque ninguna de esas hipótesis fue confirmada por fuentes oficiales. La coincidencia entre la intervención del puerto y el arribo del avión militar profundizó las suspicacias.
Desde el Gobierno nacional no hubo explicaciones públicas sobre el operativo ni sobre la naturaleza de la visita. Tampoco se precisó si la aeronave realizó tareas adicionales o si formó parte de un esquema más amplio de cooperación con Estados Unidos, país con el que la Administración de Milei mantiene un marcado alineamiento.
La falta de información también generó inquietud en el ámbito provincial. Referentes locales reclamaron transparencia y subrayaron la necesidad de resguardar competencias provinciales en un territorio sensible.
Mucho más que un puerto
"No es casual que esta comitiva haya llegado en un avión militar y haya ingresado al puerto sin que las autoridades locales pudiéramos siquiera acercarnos", dijo a Sputnik Miguel Ramírez, vicepresidente de la Administración Portuaria de Ushuaia.
Para el funcionario, la visita de la delegación debe leerse en clave estratégica. "El puerto concentra el 96% del tráfico antártico turístico y parte de la logística de terceros países firmantes del Tratado Antártico", señaló, y agregó que se trata "de uno de los principales nodos de proyección hacia el sistema bioceánico". En ese marco, el experto subrayó que la ubicación fueguina vuelve al puerto "un activo geopolítico central".
El funcionario denunció además que la comitiva estadounidense recorrió las instalaciones portuarias pese a que el acceso se encontraba vedado para las autoridades locales. "Ingresaron al puerto con la complicidad de Prefectura Naval, mientras el presidente del puerto, el gobernador y los trabajadores no podían hacerlo porque regía la intervención", apuntó Ramírez.
En su análisis, el trasfondo excede la coyuntura. "Esto va muy de la mano con la intención de instalar una base naval integrada con Estados Unidos para el dominio del Atlántico Sur y la Antártida", advirtió, al vincular la visita con antecedentes recientes como las menciones de Donald Trump a los pasos bioceánicos y al estrecho de Magallanes. También remarcó que la disputa por los recursos naturales y la cercanía con Malvinas convierten a Ushuaia en "la frutilla del postre" de una competencia estratégica de largo plazo.
Movimiento geopolítico
Consultado por Sputnik, el sociólogo y analista internacional Sebastián Schulz consideró que "el movimiento general es parte de una estrategia más amplia de Estados Unidos sobre el sur argentino".
De acuerdo al experto, la región sureña constituye "una pieza clave del hemisferio que Estados Unidos considera propio, con proyección directa hacia la Antártida". En ese marco, agregó que este tipo de visitas "permiten a funcionarios estadounidenses evaluar el territorio con vistas a su utilización como base logística o militar".
Schulz advirtió que el alineamiento argentino facilita este avance. "La política internacional argentina está subordinada a las decisiones de Estados Unidos, y eso se refleja en la ausencia de controles institucionales, como la falta de autorización del Congreso para el ingreso de una aeronave militar extranjera", señaló.
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