El tomate (Solanum lycopersicum), originario de Sudamérica aunque domesticado en México, donde se lo nombraba con la palabra xīctomatl de la lengua nahuátl, llegó a Europa en el siglo XVI. Célebre en España como protagonista de La Tomatina —fiesta popular donde miles de personas se arrojan entre sí toneladas de tomates—, se trata de una planta de usos tan infinitos como inimaginables, lo que podría explicar la eterna discusión en torno a su naturaleza.
Para más información, la definición de frutoindica que se trata del "producto de las plantas, que, aparte de la utilidad que puede tener, sirve para desarrollar y proteger la semilla". No parece haber dudas, el tomate es una fruta, ya que es el ovario maduro que contiene las semilla de una planta (tomatera).
Esta clasificación, sin embargo, no quita que en el uso común el tomate es considerado una verdura, como señala el Departamento de Botánica de la Universidad de California. Lo mismo sucede con otros alimentos considerados verduras aunque en realidad son frutas, ya que son el fruto maduro que contiene la semilla de la planta: el pepino, la berenjena, el aguacate o los pimientos. Sí, hasta el picante jalapeño (que transforma seres humanos en dragones) es una fruta.
Asimismo, distintos organismos internacionales consideran el tomate como una verdura.
Según la Nomenclatura Común del Mercosur, el tomate tampoco aparece entre las frutas, sino que está incluido en el segmento que comprende hortalizas, plantas, raíces y tubérculos alimenticios.
En distintas publicaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura —FAO por sus siglas en inglés—, el tomate es considerado una fruta aunque se lo incluye entre las hortalizas o verduras.
El sabor del tomate ¿importa?
El diccionario Merriam-Webster agrega una característica de sabor a la definición de fruta: es "el cuerpo reproductivo por lo general comestible de una planta de semillas; en especial, la que tiene pulpa dulce asociada a la semilla".
De hecho, el tomate no es dulce, aunque tampoco salado, sino umami, un sabor caracterizado por la presencia de sustancias como glutamato, inosinato y guanilato, y asociado a la carne, queso, o verduras como el espárrago y la espinaca, entre otros.
Volviendo a las definiciones, sostiene Merriam-Webster que podemos referimos a las cosas cotidianas con ciertas palabras que pueden ser contrarias a las utilizadas en el lenguaje técnico para nombrarlas o clasificarlas. Y no es la primera vez que se consulta distintos diccionarios para resolver si el tomate es una fruta o verdura. Un caso judicial paradigmático, que tuvo lugar en los EEUU a fines del siglo XIX, lo ilustra.
El tomate es una verdura por ley
En 1893, la Corte Suprema de EEUU falló en el famoso caso "Nix vs. Hedden" que, si bien para la botánica es una fruta, el tomate es considerado una verdura en el uso común.
Hedden se amparó en el tarifario que por ley señalaba que las verduras frescas o en conserva debían pagar un impuesto del 10 %. Los Nix arguyeron que los tomates deberían estar incluidos entre los productos libres de impuestos, es decir las "frutas, verdes, maduras o secas, no especialmente enumeradas o previstas" en la misma ley.
Durante el juicio, se leyeron las definiciones de fruta y verdura de distintos diccionarios, las cuales fueron cotejadas con la opinión de dos testigos con 30 años de experiencia en el comercio de frutas y verduras.
La Corte señaló que "botánicamente hablando, los tomates son el fruto de una planta de guía, al igual que los pepinos, calabazas, frijoles y guisantes. Pero en el lenguaje común de la gente (...) son todas verduras cultivadas en jardines domésticos, las cuales, consumidas tanto crudas como cocidas, son como las papas, zanahorias, nabos, remolachas, coliflor, repollo, apio y lechuga, generalmente servidas en la cena, con o después de la sopa, pescado o carnes que constituyen la parte principal de la comida, y no, como las frutas en general, servidas como postre".