Las protestas fueron provocadas inicialmente por un aumento del precio del combustible, pero se extendieron rápidamente por toda Francia y se convirtieron en la expresión popular la insatisfacción con la política gubernamental.
Las manifestaciones semanales se han reducido a unos pocos grupos pequeños que acuden cada sábado para seguir con sus demandas. Sin embargo, tres cuartas partes de los franceses encuestados por Odoxa en octubre creen que el movimiento todavía sigue vivo.
Ascienden a 105 los detenidos en París durante las protestas de los chalecos amarillos, según la Prefectura Metropolitana de Policía.
Según el corresponsal de Sputnik, los manifestantes construyeron varias barricadas de vallas, tablas y monopatines eléctricos en la Plaza de Italia y luego comenzaron a prenderles fuego. Los policías antidisturbios usan gas lacrimógeno, cañones de agua y bombas de humo para dispersar a la multitud.