"Menos intensidad": ¿cómo cambió con Milei el reclamo argentino por las Malvinas a 44 años de la guerra?
"Menos intensidad": ¿cómo cambió con Milei el reclamo argentino por las Malvinas a 44 años de la guerra?
Sputnik Mundo
Argentina conmemora un nuevo aniversario del conflicto bélico contra el Reino Unido por la soberanía sobre las islas. "En el actual Gobierno vemos un giro... 02.04.2026, Sputnik Mundo
A 44 años del inicio de la guerra de Malvinas, la disputa por la soberanía de las islas volvió a exhibir una novedad política en Argentina: si bien el reclamo histórico se mantiene en pie, el Gobierno de Javier Milei introdujo un cambio de tono frente a una causa que desde 1982 había conservado, con matices, un núcleo diplomático y jurídico relativamente estable.Tras la derrota militar en la guerra iniciada el 2 de abril de 1982, los distintos presidentes argentinos sostuvieron una línea común: denunciar la ocupación británica iniciada en 1833, rechazar la aplicación del principio de autodeterminación a los isleños y exigir negociaciones bilaterales con Londres. Ese enfoque se apoyó en la resolución 2065 de las Naciones Unidas, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía.Durante décadas, Buenos Aires defendió que la cuestión Malvinas debía leerse como un caso de integridad territorial y no como un proceso clásico de autodeterminación. Con ese argumento, la diplomacia argentina cuestionó la idea de que los kelpers pudieran definir por sí mismos el estatus de las islas, al considerarlos una población implantada tras la ocupación británica.La llegada de Milei alteró esa tradición discursiva. En 2024, el presidente sostuvo públicamente que "el voto más importante es el que se hace con los pies, y anhelamos que los malvinenses algún día elijan hacerlo por nosotros", una fórmula que se apartó del lenguaje habitual de la diplomacia local y abrió interrogantes sobre hasta qué punto el Ejecutivo estaba dispuesto a desplazar el eje del reclamo hacia la voluntad de los habitantes de las islas.Ese movimiento no implicó, al menos en términos formales, un abandono de la posición argentina. La Cancillería continuó reivindicando la soberanía sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y mantuvo el pedido de reanudar negociaciones con el Reino Unido. Pero la nueva retórica introdujo una señal distinta frente a un conflicto congelado desde hace décadas.La posición británica, en cambio, se mantuvo sin variaciones: Londres siguió amparándose en la autodeterminación de los isleños y en el referéndum de 2013, en el que la población local votó por continuar bajo soberanía británica. Ese argumento, que el Reino Unido repite en cada foro, fue rechazado de forma sistemática por la diplomacia argentina.El cambio también coincidió con una política exterior directamente alineada detrás de Estados Unidos, socio del Reino Unido en instancias como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para analistas y diplomáticos, esa combinación redujo la intensidad del discurso confrontativo que había caracterizado a otros gobiernos argentinos.No obstante, la discusión permanece abierta. Mientras Londres mantiene su control político, militar y económico sobre el archipiélago, Argentina sigue invocando el respaldo de la ONU y de foros regionales como la Organización de Estados Americanos, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el Mercosur.¿Giro diplomático?Según el experto, ese corrimiento con una orientación más amplia de política exterior. Según planteó, el alineamiento del Gobierno con Estados Unidos y la OTAN "hace que la reivindicación sobre Malvinas quede relegada dentro de las prioridades oficiales". En ese marco, el sociólogo sostuvo que "la cuestión de soberanía pasó a ocupar un lugar claramente más secundario en la agenda exterior".En la misma dirección, el analista internacional Ezequiel Magnani consideró que "el discurso de Milei sí marca una diferencia respecto a los de los presidentes anteriores". De acuerdo con el consultor, "durante varias décadas Argentina ha mantenido como política de Estado el reclamo por la soberanía sobre las islas, pero ahora hay cierta novedad en la forma que elige el Gobierno para representar los intereses nacionales".El debate de fondoUno de los puntos más delicados del giro aparece en torno al principio de autodeterminación. “En este caso no puede regir el argumento del principio de autodeterminación de los pueblos porque se trata de una población implantada, lo cual invalida el principal argumento del Reino Unido. Que el presidente convalide públicamente esa postura es un problema", resaltó Magnani."Estas declaraciones sientan precedentes que pueden complicar la negociación en un futuro, porque marcan cierta validez del argumento de Londres", afirmó el experto, quien refirió que el impacto de este cambio discursivo "puede condicionar la posición argentina en eventuales instancias diplomáticas".Consultado al respecto, Schulz denunció que "se están perdiendo recursos estratégicos que Gran Bretaña explota en las islas, y esos recursos son irrecuperables más allá de cualquier compensación, lo que además refuerza su posición en el Atlántico Sur y en la proyección hacia la Antártida".El sociólogo subrayó que "esto no solo afecta a Malvinas, sino también al Atlántico Sur y la Antártida, porque la posición británica en esas disputas se apoya en la ocupación de las islas, lo que refuerza su proyección geopolítica en toda la región".
Argentina conmemora un nuevo aniversario del conflicto bélico contra el Reino Unido por la soberanía sobre las islas. "En el actual Gobierno vemos un giro radical que en última instancia atenúa ciertas reivindicaciones de soberanía argentina sobre Malvinas en el plano estratégico", dijo a Sputnik un experto.
A 44 años del inicio de la guerra de Malvinas, la disputa por la soberanía de las islas volvió a exhibir una novedad política en Argentina: si bien el reclamo histórico se mantiene en pie, el Gobierno de Javier Milei introdujo un cambio de tono frente a una causa que desde 1982 había conservado, con matices, un núcleo diplomático y jurídico relativamente estable.
Tras la derrota militar en la guerra iniciada el 2 de abril de 1982, los distintos presidentes argentinos sostuvieron una línea común: denunciar la ocupación británica iniciada en 1833, rechazar la aplicación del principio de autodeterminación a los isleños y exigir negociaciones bilaterales con Londres. Ese enfoque se apoyó en la resolución 2065 de las Naciones Unidas, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía.
Durante décadas, Buenos Aires defendió que la cuestión Malvinas debía leerse como un caso de integridad territorial y no como un proceso clásico de autodeterminación. Con ese argumento, la diplomacia argentina cuestionó la idea de que los kelpers pudieran definir por sí mismos el estatus de las islas, al considerarlos una población implantada tras la ocupación británica.
🇦🇷🗣 "Menos intensidad": ¿cómo cambió con Milei el reclamo argentino por las Malvinas a 44 años de la guerra?
Argentina conmemora un nuevo aniversario del conflicto bélico contra el Reino Unido por la soberanía sobre las islas.
La llegada de Milei alteró esa tradición discursiva. En 2024, el presidente sostuvo públicamente que "el voto más importante es el que se hace con los pies, y anhelamos que los malvinenses algún día elijan hacerlo por nosotros", una fórmula que se apartó del lenguaje habitual de la diplomacia local y abrió interrogantes sobre hasta qué punto el Ejecutivo estaba dispuesto a desplazar el eje del reclamo hacia la voluntad de los habitantes de las islas.
Ese movimiento no implicó, al menos en términos formales, un abandono de la posición argentina. La Cancillería continuó reivindicando la soberanía sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y mantuvo el pedido de reanudar negociaciones con el Reino Unido. Pero la nueva retórica introdujo una señal distinta frente a un conflicto congelado desde hace décadas.
La posición británica, en cambio, se mantuvo sin variaciones: Londres siguió amparándose en la autodeterminación de los isleños y en el referéndum de 2013, en el que la población local votó por continuar bajo soberanía británica. Ese argumento, que el Reino Unido repite en cada foro, fue rechazado de forma sistemática por la diplomacia argentina.
El cambio también coincidió con una política exterior directamente alineada detrás de Estados Unidos, socio del Reino Unido en instancias como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para analistas y diplomáticos, esa combinación redujo la intensidad del discurso confrontativo que había caracterizado a otros gobiernos argentinos.
No obstante, la discusión permanece abierta. Mientras Londres mantiene su control político, militar y económico sobre el archipiélago, Argentina sigue invocando el respaldo de la ONU y de foros regionales como la Organización de Estados Americanos, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el Mercosur.
¿Giro diplomático?
"En el actual Gobierno vemos un giro radical que, en última instancia, atenúa ciertas reivindicaciones de soberanía argentina sobre Malvinas en el plano estratégico. Hay menos intensidad en el reclamo", dijo a Sputnik el analista internacional Sebastián Schulz.
Según el experto, ese corrimiento con una orientación más amplia de política exterior. Según planteó, el alineamiento del Gobierno con Estados Unidos y la OTAN "hace que la reivindicación sobre Malvinas quede relegada dentro de las prioridades oficiales". En ese marco, el sociólogo sostuvo que "la cuestión de soberanía pasó a ocupar un lugar claramente más secundario en la agenda exterior".
En la misma dirección, el analista internacional Ezequiel Magnani consideró que "el discurso de Milei sí marca una diferencia respecto a los de los presidentes anteriores".
De acuerdo con el consultor, "durante varias décadas Argentina ha mantenido como política de Estado el reclamo por la soberanía sobre las islas, pero ahora hay cierta novedad en la forma que elige el Gobierno para representar los intereses nacionales".
"Estamos en un momento del orden internacional donde existen condiciones favorables para avanzar en el reclamo, con mayor protagonismo de potencias emergentes que apoyan la posición argentina, pero el Gobierno no solo no aprovecha esa oportunidad, sino que la está dejando pasar", destacó el investigador.
El debate de fondo
Uno de los puntos más delicados del giro aparece en torno al principio de autodeterminación. “En este caso no puede regir el argumento del principio de autodeterminación de los pueblos porque se trata de una población implantada, lo cual invalida el principal argumento del Reino Unido. Que el presidente convalide públicamente esa postura es un problema", resaltó Magnani.
"Estas declaraciones sientan precedentes que pueden complicar la negociación en un futuro, porque marcan cierta validez del argumento de Londres", afirmó el experto, quien refirió que el impacto de este cambio discursivo "puede condicionar la posición argentina en eventuales instancias diplomáticas".
Consultado al respecto, Schulz denunció que "se están perdiendo recursos estratégicos que Gran Bretaña explota en las islas, y esos recursos son irrecuperables más allá de cualquier compensación, lo que además refuerza su posición en el Atlántico Sur y en la proyección hacia la Antártida".
El sociólogo subrayó que "esto no solo afecta a Malvinas, sino también al Atlántico Sur y la Antártida, porque la posición británica en esas disputas se apoya en la ocupación de las islas, lo que refuerza su proyección geopolítica en toda la región".
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