Sobrevivientes de San José de las Mulas reconstruyen la masacre que estremeció a Nicaragua
Sobrevivientes de San José de las Mulas reconstruyen la masacre que estremeció a Nicaragua
Sputnik Mundo
En una escuela rural del centro de Nicaragua, 23 jóvenes fueron asesinados tras un ataque de las fuerzas contrarrevolucionarias en uno de los episodios que... 01.03.2026, Sputnik Mundo
La masacre en San José de las Mulas, un enclave montañoso de la cordillera del Darién del departamento de Matagalpa, se convirtió en un símbolo del costo humano que significó el conflicto que enfrentó la Revolución Sandinista con un saldo de 50.000 víctimas, de acuerdo con cifras oficiales del Gobierno nicaragüense.Sánchez, quien en ese tiempo tenía 20 años, era de la reserva de la Juventud Sandinista con unos 1.000 miembros diseminados en varias compañías en el norte de la nación centroamericana. Estos jóvenes tenían conocimientos militares básicos y tareas políticas "en defensa de la revolución", esto les permitió integrarse en las comunidades rurales del norte.Una correlación desigualDe acuerdo con el testimonio de los sobrevivientes, la correlación de fuerzas era desigual. Mientras los jóvenes del Batallón de Reserva 30-62 contaban con fusiles BZ, utilizados en la Segunda Guerra Mundial, la contrarrevolución, integrada por remanentes de la guardia somocista, disponía de armamento moderno y había recibido entrenamiento militar de EEUU en Honduras.A 43 años de este episodio, sobrevivientes y familiares conmemoraron a los "héroes de la Gesta de San José de las Mulas", en el cementerio Oriental de Managua, donde fueron enterrados los 23 jóvenes originarios de la capital.Técnicas de terrorDesde este lugar, el sobreviviente de la compañía atacada, Manuel Gussen López, recordó que a sus 18 años le tocó vivir el ataque, que duró ocho horas. Según su testimonio, la unidad se quedó sin municiones y se tuvo que replegar."Sabíamos que si quedábamos heridos era difícil sobrevivir", dijo a SputnikSostuvo que hubo ejecuciones de sus compañeros, que fueron rematados por la contra, que "llegó a rematar a los muchachos. Algunos compañeros presenciaron ese tipo de situación de prácticamente ajusticiamiento de nuestros compañeros heridos, sus tácticas y sus técnicas eran de terror, eran sanguinarios; venía en su doctrina militar, no dejar a nadie vivo y torturarlo hasta la muerte", añadió.Delia Isabel Zambrana, fue una de las seis mujeres que se alistaron en el batallón 30-62, aunque no estuvo en el epicentro de la masacre, rememoró el impacto emocional para los nicaragüenses.En el acto conmemorativo Olga Manzanares, mamá de Carlos Lacayo, uno de los jóvenes fallecidos, dijo hablar en nombre de todas las madres de los asesinados, y vinculó el sacrificio de sus hijos a las condiciones de desarrollo que viven los nicaragüenses."Nos llena de satisfacción saber que no han olvidado a nuestros hijos", afirmó.Durante la conmemoración en Managua, ante un nutrido grupo de jóvenes, dirigentes políticos y estudiantiles, destacaron la gesta de San José de las Mulas, como un antecedente de resistencia sandinista ante los peligros del imperialismo, que 40 décadas después suponen la misma amenaza para el mundo.
En una escuela rural del centro de Nicaragua, 23 jóvenes fueron asesinados tras un ataque de las fuerzas contrarrevolucionarias en uno de los episodios que marcaron el inicio de la guerra financiada por Estados Unidos, el 27 de febrero de 1983.
La masacre en San José de las Mulas, un enclave montañoso de la cordillera del Darién del departamento de Matagalpa, se convirtió en un símbolo del costo humano que significó el conflicto que enfrentó la Revolución Sandinista con un saldo de 50.000 víctimas, de acuerdo con cifras oficiales del Gobierno nicaragüense.
"Hubo saña, hubo maldad de la 'contra', era [una] característica de ellos, era parte del entrenamiento de la guardia del [dictador Anastasio] Somoza. O sea, la saña, el odio en todo era el actuar del somocismo", relató a Sputnik el nicaragüense Raúl Sánchez, militante de la Juventud Sandinista de la época.
Sánchez, quien en ese tiempo tenía 20 años, era de la reserva de la Juventud Sandinista con unos 1.000 miembros diseminados en varias compañías en el norte de la nación centroamericana. Estos jóvenes tenían conocimientos militares básicos y tareas políticas "en defensa de la revolución", esto les permitió integrarse en las comunidades rurales del norte.
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De acuerdo con el testimonio de los sobrevivientes, la correlación de fuerzas era desigual. Mientras los jóvenes del Batallón de Reserva 30-62 contaban con fusiles BZ, utilizados en la Segunda Guerra Mundial, la contrarrevolución, integrada por remanentes de la guardia somocista, disponía de armamento moderno y había recibido entrenamiento militar de EEUU en Honduras.
"El armamento que ellos llevaban y la cantidad que eran ellos era superior 100 veces. Esta fue la primera masacre. Después de este momento en San José de las Mulas, ya empezó lo más cruento de la guerra y se decreta el Servicio Militar Patriótico", enfatizó Sánchez.
A 43 años de este episodio, sobrevivientes y familiares conmemoraron a los "héroes de la Gesta de San José de las Mulas", en el cementerio Oriental de Managua, donde fueron enterrados los 23 jóvenes originarios de la capital.
Desde este lugar, el sobreviviente de la compañía atacada, Manuel Gussen López, recordó que a sus 18 años le tocó vivir el ataque, que duró ocho horas. Según su testimonio, la unidad se quedó sin municiones y se tuvo que replegar.
"Sabíamos que si quedábamos heridos era difícil sobrevivir", dijo a Sputnik
Sostuvo que hubo ejecuciones de sus compañeros, que fueron rematados por la contra, que "llegó a rematar a los muchachos. Algunos compañeros presenciaron ese tipo de situación de prácticamente ajusticiamiento de nuestros compañeros heridos, sus tácticas y sus técnicas eran de terror, eran sanguinarios; venía en su doctrina militar, no dejar a nadie vivo y torturarlo hasta la muerte", añadió.
Delia Isabel Zambrana, fue una de las seis mujeres que se alistaron en el batallón 30-62, aunque no estuvo en el epicentro de la masacre, rememoró el impacto emocional para los nicaragüenses.
"Era muy joven, iba a cumplir 16 años. Cuando supe quiénes habían muerto, fue devastador", resaltó.
En el acto conmemorativo Olga Manzanares, mamá de Carlos Lacayo, uno de los jóvenes fallecidos, dijo hablar en nombre de todas las madres de los asesinados, y vinculó el sacrificio de sus hijos a las condiciones de desarrollo que viven los nicaragüenses.
"Nos llena de satisfacción saber que no han olvidado a nuestros hijos", afirmó.
Durante la conmemoración en Managua, ante un nutrido grupo de jóvenes, dirigentes políticos y estudiantiles, destacaron la gesta de San José de las Mulas, como un antecedente de resistencia sandinista ante los peligros del imperialismo, que 40 décadas después suponen la misma amenaza para el mundo.
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