"El problema clave aquí radica (...) en la reducción de la flexibilidad del sistema: son precisamente los suministros a corto plazo y al contado los que se utilizan tradicionalmente para equilibrar el mercado en períodos de máxima demanda", comentó.
En sus palabras, esto conduce a "un aumento de la volatilidad", especialmente en un contexto en el que el nivel de llenado de los almacenes de gas en Europa sigue siendo bajo y la competencia por los suministros con los mercados asiáticos se intensifica.
En enero, el Consejo de la UE aprobó la retirada gradual de las importaciones desde Rusia de GNL y gas por gasoducto. La prohibición para contratos a corto plazo entró en vigor el 25 de abril y, para los de largo plazo, será a partir del 1 de enero de 2027.
Según el analista, los más vulnerables en esta situación son los países con una elevada dependencia del GNL y del mercado al contado, así como la industria de alto consumo energético, sensible a las fluctuaciones de precios.
En una posición más ventajosa se encuentran EEUU, como proveedor de volúmenes flexibles, Noruega, como exportador clave por gasoducto, y los grandes operadores, que se benefician de la mayor volatilidad.
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