Sin embargo, expertos consultados por Sputnik advierten que el país enfrenta un déficit estructural superior a los 800 megawatts y una "miopía energética" que prioriza la opinión pública sobre las soluciones de fondo.
¿Mantenimiento o racionamiento encubierto?
La estabilidad del Sistema Nacional Interconectado (SNI) de Ecuador atraviesa su momento más crítico en lo que va del año. La ministra de Energía, Inés Manzano, anunció inicialmente cortes de luz programados en la provincia de Guayas para los domingos 19 y 26 de abril, justificándolos como "mantenimientos necesarios".
No obstante, ante el descontento ciudadano y las críticas en redes sociales, la medida fue suspendida en menos de 24 horas. Para los analistas, este "reversa" ministerial revela una gestión que prioriza el control de daños comunicacionales sobre la integridad técnica del sistema. Si los apagones eran técnicamente indispensables para el mantenimiento, cancelarlos por presión social implica un riesgo operativo a mediano plazo.
Para José Beltrán, maestro en Economía del Desarrollo e investigador en metabolismo socioeconómico, existe una confusión peligrosa entre la necesidad técnica y la decisión política.
"Si es que técnicamente sí deben dar mantenimiento y no lo van a hacer, no hay otra forma de decir que es una falla técnica y es una decisión meramente política. No es necesario realizar cortes en islas. Si es un mantenimiento de dos horas se puede gestionar la interconexión", explica.
El experto señala que el país ha entrado en un ciclo de "miopía energética" donde la ciudadanía y el Gobierno se centran únicamente en si "hay o no hay luz", ignorando fallas estructurales en plantas geotérmicas y el fracaso de contrataciones clave como las de Progen-ATM, que no han generado los watts esperados para el sistema.
Mientras el discurso oficial menciona una capacidad instalada de aproximadamente 8.254 megawatts (MW), la realidad operativa del Sistema Nacional Interconectado es drásticamente inferior. La falta de distinción entre la capacidad total y la capacidad efectiva del sistema centralizado genera una falsa sensación de seguridad.
Josué Daniel Puma Muñoz, economista y experto en desarrollo, estima que el déficit es mucho más profundo de lo que se admite públicamente.
"Sí, esa es la capacidad total que tenemos en el Ecuador, pero es importante distinguir lo que es la capacidad dentro del sistema nacional integrado y la que vendría a ser una capacidad aislada de privados, que no son esos 8.400 MW, sino 7.600 aproximadamente. Eso nos arroja a un déficit estructural que ya en enero de este 2026 mencionaba que hacía falta al menos 800 megawatts para dar cobertura a la demanda", señala Puma.
Según Puma, la falta de voluntad política para construir nueva capacidad instalada estatal ha derivado en una "profunda improvisación" donde el Estado solo reacciona al malestar de la opinión pública.
La "trampa de la Gasolina" y Oriente Medio
Ecuador no solo lucha contra la falta de agua en sus embalses, sino también contra un mercado petrolero global convulso. La escalada del conflicto en Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han afectado los precios internacionales de los combustibles.
Esto crea una pinza económica para las empresas ecuatorianas que, ante la inseguridad eléctrica, dependen de generadores a base de gasolina o diésel.
"Las empresas van a usar generadores y los generadores funcionan a gasolina. Mientras esté escalando el precio energético, va a escalar probablemente el precio en términos eléctricos, porque nuestra única fuente segura en este momento viene a ser la gasolina. Y se junta que el gobierno ha priorizado un proyecto de energía nuclear cuando debería apuntar más bien a energía geotérmica", afirma Beltrán.
Aunque en Ecuador el sistema de bandas evita un disparo inmediato en el costo de la gasolina, el encarecimiento de la logística y la generación privada presiona la competitividad de los procesos productivos, culturales y sociales.
El "espejismo" de Perú y la ruptura con Colombia
La búsqueda de nuevos aliados energéticos se ha vuelto imperativa tras la denominada "guerra comercial" con Colombia, país que tradicionalmente vendía energía a Ecuador. Las tensiones diplomáticas han comprometido el acceso al principal proveedor extranjero, obligando al Ministerio de Energía a mirar hacia el sur.
Sin embargo, la opción de Perú no es una solución de corto plazo. Josué Puma califica de "ambiguas" las expectativas sobre la compra de energía al país vecino:
"Se está planteando hacer una compra con Perú, pero eso está recién en licitaciones. La proyección más realista para poder recibir energía [peruana] lo proyecta para 2028 en el mejor de los casos. Estamos en un momento de profunda improvisación en el manejo y gestión del Estado", sentencia.
Por su parte, Beltrán coincide en que, aunque Perú tiene un ecosistema energético distinto que podría dar "oxígeno" a Ecuador, la solución definitiva debe ser un sistema integrado regional entre Colombia, Ecuador y Perú.
La actual subordinación de la política exterior a intereses geopolíticos —como la presión sobre Colombia— termina, según los expertos, perjudicando la soberanía energética del propio Ecuador.
Un sistema que se "parcha" sobre la marcha
La suspensión de los cortes en Guayas (oeste) es un síntoma de un Estado que gestiona crisis día a día.
Mientras los expertos coinciden en que no estamos necesariamente ante un escenario idéntico al apagón de 2024 debido a condiciones meteorológicas distintas, sí alertan sobre un Estado incapaz de cerrar las brechas energéticas de forma permanente.
La combinación de un déficit de 800 MW, una infraestructura térmica que no recibe mantenimiento y una diplomacia energética inestable sitúa a Ecuador en un ciclo de incertidumbre.
"Lo que no sucede hoy, sucede de aquí a tres meses", vaticina Beltrán, subrayando que sin una política pública que priorice la generación geotérmica y la interconexión técnica sobre la conveniencia política, los cortes de luz seguirán siendo una amenaza latente en el horizonte ecuatoriano.
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