Desde finales de febrero, aerolíneas como Emirates han reducido de forma considerable sus operaciones, llegando a operar poco más de la mitad de sus vuelos desde y hacia Dubái.
El impacto se ha visto agravado por el aumento del combustible para aviones, cuyo precio alcanzó los 175 dólares por barril, un incremento del 82% en un mes, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).
Como consecuencia, compañías como Cathay Pacific, Qantas y Thai Airways han incrementado sus tarifas e incluso aplicado recargos por combustible en algunos vuelos.
Además, varias aerolíneas han optado por cancelar rutas. Scandinavian Airlines anunció la suspensión de cientos de vuelos en marzo y cerca de 1.000 en abril, mientras que otras compañías evalúan medidas similares ante la incertidumbre.
En Europa, empresas como British Airways, KLM y airBaltic han cancelado sus vuelos hacia Dubái, mientras que otras rutas hacia destinos del Golfo también han sido suspendidas o limitadas.
Paralelamente, las aerolíneas han rediseñado sus rutas para evitar zonas de riesgo, lo que ha incrementado la duración de los vuelos hasta en 90 minutos, utilizando corredores alternativos a través del Cáucaso o el sur de la región.
A pesar de la crisis, algunas compañías han incrementado su capacidad en rutas entre Europa y Asia, mientras que destinos considerados más seguros, como México, el Caribe y países europeos, han registrado un aumento en la demanda turística.
No obstante, especialistas advierten que la recuperación total del tráfico aéreo dependerá de la evolución del conflicto, ya que la incertidumbre en el espacio aéreo y el alza de costos continúan afectando tanto a aerolíneas como a pasajeros a nivel global.
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