Antes de 2011, en indicadores sociales como el nivel educativo, la sanidad, los ingresos de la población y la distribución de la riqueza, Libia superaba a muchos países de la región, destaca el experto.
Desde la década de 1970, entre el país africano y las grandes compañías petroleras surgieron disputas, ya que Trípoli intentaba defender sus intereses estatales y revisar las condiciones de los contratos, explica.
En última instancia, los países participantes en "la conspiración" contra Libia la dejaron en una situación de caos y fragmentación, al no contar con un plan claro para el período posterior al derrocamiento de Muamar Gadafi, subraya Belqasem.
Más de una década después, la tarea clave para el Estado africano sigue siendo la reconstrucción de las instituciones estatales y la consecución de la estabilidad, en un contexto de falta de un apoyo internacional real para superar las consecuencias de aquel período, concluye.
Tras el derrocamiento y asesinato de Gadafi, en 2011, el país magrebí se sumió por una década en violentos enfrentamientos entre facciones rivales, que crearon estructuras del poder paralelas en el oeste y el este de Libia.
El 10 de marzo de 2021 se estableció un Gobierno de Unidad Nacional, liderado por Abdul Hamid Dabaiba, cuya misión es poner fin a la prolongada dualidad de poderes y dirigir el proceso de transición hasta las elecciones generales del 24 de diciembre de 2021, que posteriormente se aplazaron.
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