La frase que terminó de cristalizar la ruptura abierta en el binomio presidencial fue enunciada por el jefe de Gabinete Manuel Adorni, quien remarcó que el lazo entre Milei y Villarruel está roto. Ello convirtió en postura oficial una fractura que lleva meses gestándose dentro del Ejecutivo.
La confrontación volvió a quedar expuesta durante la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso. El saludo entre ambos fue frío y protocolar, sin diálogo visible. Durante el discurso presidencial, Villarruel utilizó su teléfono celular, gesto que motivó cuestionamientos públicos de dirigentes oficialistas y amplificó la distancia política.
Tras el episodio, Adorni destacó la marginación de la vicepresidenta en el esquema del Ejecutivo.
Horas más tarde, el diputado oficialista Luis Petri sostuvo que la vicepresidenta "apostó por el fracaso del Gobierno" y cuestionó su actuación institucional. El cruce incluyó una acusación de alto voltaje: el legislador la calificó de "golpista", insinuando que la dirigente aspira a voltear al jefe de Estado.
Villarruel respondió con dureza. Señaló a Petri —quien ejerció el cargo de ministro de Defensa durante los primeros dos años de Milei, antes de asumir su banca— por la disolución de la obra social de las Fuerzas Armadas, que arrastra una deuda estimada en más de 100 millones de dólares, y habló de "vaciamiento". También aseguró que desde la Casa Rosada buscan forzar su renuncia y afirmó que no abandonará el cargo antes de 2027.
El conflicto no es reciente. En julio de 2025, Milei responsabilizó a Villarruel por haber facilitado una sesión del Senado donde se aprobaron iniciativas que incrementaban el gasto público. En ese contexto la llamó "bruta traidora", y ella lo acusó de vivir "aislado de la realidad".
Meses antes, en abril de 2025, la vicepresidenta quedó al margen del acto central por el aniversario de la Guerra de Malvinas y realizó actividades por separado. Dado su vínculo con sectores militares y su agenda conservadora, el episodio fue interpretado como una señal de marginación política deliberada.
La relación entre ambos arrastra un antecedente estructural. Durante la campaña electoral de 2023, que llevó al desembarco de Milei en el Ejecutivo, Villarruel había sido señalada como futura responsable de las áreas de Seguridad y Defensa en el Gobierno libertario. Sin embargo, tras la asunción, esas carteras quedaron en manos de la actual senadora Patricia Bullrich y del propio Petri, respectivamente, lo que desplazó a la vicepresidenta de un terreno donde había construido perfil propio.
La tensión reviste más un carácter simbólico que práctico. A pesar de estar formalmente a cargo de la conducción del Senado, en los hechos Villarruel no detenta un poder de peso en el armado libertario.
En las instancias más decisivas, como cuando tuvo que desempatar la votación para la aprobación de la denominada "ley bases" —considerada como la carta magna libertaria—, la vicepresidente se plegó al oficialismo y terminó por apoyar la iniciativa de su Gobierno para sancionarla.
Crónica de una ruptura anunciada
"Las relaciones entre presidentes y vicepresidentes siempre fueron complejas en Argentina, pero que Villarruel haya sido marginada tan rápidamente le da a esta situación un elemento distintivo", dijo a Sputnik el politólogo Facundo Cruz.
"El vínculo entre Villarruel y Milei se deterioró tan prematuramente que apenas asumido el Gobierno ya estaba claro que no había relación", agregó.
Para el analista, no hay margen para recomponer el vínculo. "No creo que haya espacio para una reconciliación”, afirmó, al señalar que la mesa chica presidencial ya da por hecho que la vicepresidenta “está fuera de cualquier mesa de decisiones" y que su rol quedó reducido al plano institucional.
El conflicto reviste un carácter estructural. Consultado por Sputnik, el sociólogo Máximo Reina destacó que ambos dirigentes comparten un origen político similar: "El vínculo está tan roto en parte porque son dos completos outsiders que llegaron juntos al Congreso en 2021 sin trayectoria partidaria previa y dependiendo casi exclusivamente de su imagen para sostener poder y popularidad, por eso tienen estos gestos abiertamente conflictivos".
No obstante, Reina descartó que la tensión derive en un problema institucional. "No veo ningún tipo de riesgo", afirmó, al señalar que el Gobierno "mantiene niveles de aprobación "aceptables", dado que "viene de ganar una elección intermedia, lo que le dio un fuerte respaldo parlamentario suficiente para alcanzar mayorías en ambas Cámaras".
¿Una amenaza en puerta?
La abierta disputa al interior del binomio presidencial abre un interrogante insoslayable: ¿puede Villarruel suponer un riesgo electoral para el proyecto de Milei en su búsqueda de la reelección? Cruz advirtió que una eventual candidatura de la vice podría alterar el escenario de 2027.
"Con que alcance cuatro o cinco puntos en la primera vuelta, eso podría forzar a Milei a ir a un balotaje y enfrentar un escenario más adverso", precisó.
El consultor subrayó que hoy "Milei ronda el 40% de intención de voto, mientras que la vicepresidenta tiene mayor nivel de negatividad", aunque con más indefinición. "Si bien la imagen no es intención de voto, es un indicador importante", aclaró, pero consideró que su "techo" —el máximo volumen de votos que podría cosechar— está menos definido que el del presidente.
Para Cruz, el deterioro también tiene implicancias estratégicas. "Si ella decide ser candidata en 2027 y consigue estructura y recursos, puede ser perjudicial para Milei", sostuvo, al advertir que incluso una fuga minoritaria de votos del oficialismo podría modificar un escenario competitivo en primera vuelta.
Reina remarcó que el daño potencial dependerá del contexto económico. "Si el Gobierno llega necesitado de votos, va a lamentarse haberse peleado con sectores de su propio espacio. En ese marco puede ser una amenaza electoral para Milei", afirmó, y remarcó que no existen garantías de estabilidad en los próximos dos años.
El analista definió al 2026 como "un año de pasarela", en el que aspirantes nacionales buscarán posicionarse. En ese marco, consideró que para Villarruel "levantar el perfil es casi una obligación" si pretende seguir haciendo política electoral y sostener visibilidad pública.
Aunque relativizó el impacto inmediato, el sociólogo sostuvo que "tiene capacidad de daño, pero limitada". En el Senado, explicó, ha actuado en consonancia con el Gobierno. No obstante, advirtió que enfrentarse con una figura outsider, con buena imagen y sin acusaciones de corrupción, supone un "riesgo estratégico".
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