El miércoles 3 de mayo Fernández publicó una foto en Twitter en la que presentó públicamente a su nueva ahijada: Mercedes Lucía Arévalo Soraiz, una niña de un año, séptima hija mujer de una familia de San Carlos de Bariloche (sur).
La pequeña nació el 15 de febrero del año pasado en el Hospital Ramón Carrillo de Bariloche, y como dice la Ley Nº 20.843, por haber nacido séptima "de una prole del mismo sexo", le corresponde el padrinazgo presidencial. Según la ley, los ahijados y ahijadas presidenciales pueden acceder a una beca asistencial para contribuir con su educación.
Mercedes Lucía es la séptima hija mujer de María Clara Soraiz y Leonardo Arévalos, quienes contaron que "durante todo el embarazo, cuando pensábamos que podía ser otra nena, rogábamos que no naciera en el Gobierno de Macri", según publicó Perfil.
El encuentro entre Fernández y su ahijada
Ante el anuncio de que Fernández viajaría a Río Negro a visitar la sede central de la empresa estatal Investigación Aplicada (Invap), a María Clara se le ocurrió enviarle un mail al presidente —a través de Padrinazgo Nacional— pidiéndole cinco minutos para sacarse una foto.
Ese mismo día, los padres de Mercedes Lucía recibieron un llamado de Protocolo de Nación y les informaron que Fernández había leído el mail y quería conocer a la pequeña. "No estaba en nuestros planes. (...) Desde que llegamos, recibimos una atención y una calidez humana increíble", dijo a Perfil María Clara.
Sobre el encuentro, la pareja contó que por los protocolos del COVID-19, Fernández no alzó a la nena pero le tomó la mano. También contaron que les "pidió que la hagamos del [club de fútbol] Argentinos Juniors, pero le explicamos que es difícil porque el padre es fanático de Independiente. Nos dijo que se la cuidemos. Fueron 5 minutos, pero nos quedamos sorprendidos porque fue muy cálido", aseguró Clara.
En la despedida, Fernández se emocionó. Los padres le confesaron que más allá de las diferencias "sobre algunas cuestiones políticas", confiaban en él: "Se le llenaron los ojos de lágrimas. Tuvo un gesto humano muy lindo. Nos volvimos a enamorar del presidente", dijeron a Perfil.
El origen de la costumbre
Esta ley tiene sus raíces en la gran inmigración rusa en Argentina y en la creencia de que el séptimo hijo varón es hombre lobo y la séptima hija mujer bruja. De hecho, en la Rusia zarista de Catalina la grande se otorgaba el padrinazgo imperial, que daba una "protección mágica" contra estos males y evitaba que los niños fueran abandonados.
La tradición llegó al país en 1907, cuando Enrique Brost y Apolonia Holmann, una pareja rusa dio a luz a su séptimo hijo varón en Buenos Aires y le enviaron una carta al presidente José Figueroa Alcorta para que lo apadrinara. Figueroa Alcorta aceptó y dio origen a la tradición, que se hizo ley el 28 de septiembre de 1974 por María Estela Martínez de Perón.