La pandemia revirtió los éxitos de las últimas décadas en la reducción del número de personas sin acceso a alimentos en el mundo, asegura el alto funcionario ruso.
"Estos esfuerzos pueden ser socavados si no se adoptan medidas necesarias en cuanto al respaldo financiero", afirma Vladímir Kuznetsov.
5 de diciembre 2020, 17:37 GMT
El llamado del Jefe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), David Beasley, se dirige a Rusia, ya que es un socio importante de la ONU en la actividad humanitaria, así como en los esfuerzos para garantizar la seguridad alimentaria y la lucha contra el hambre, agrega el representante del Centro de Información de Moscú.
Anteriormente, el 4 de diciembre, en una reunión especial de la Asamblea General de la ONU dedicada a la lucha contra el COVID-19, el Jefe del PMA declaró que el año que viene el mundo corre el riesgo de enfrentarse a la crisis humanitaria más grave de los últimos 75 años. El 2021 "será en realidad catastrófico a partir de lo que vemos en esta etapa", aseveró.
El coronavirus complica la situación alimentaria en varias regiones del mundo y pone en riesgo el objetivo de erradicar el hambre a nivel global para 2030. Esta meta ya parecía comprometida a principios de 2020. Con el estallido de la pandemia del COVID-19 la situación no hizo más que agravarse y ahora se estima que para 2030 la malnutrición podría afectar a más de 840 millones de personas.
El PMA y otras agencias de la ONU indican que el hambre está lejos de ser erradicado. Actualmente unos 690 millones de personas (el 8,9% de la población mundial) siguen sufriendo de malnutrición, y otros 1.300 millones experimentan "niveles moderados de inseguridad alimentaria". En otras palabras, no tienen acceso a suficientes alimentos.
"Si se combinan los niveles moderado y grave de inseguridad alimentaria, la estimación asciende al 26,4% de la población mundial o a un total de alrededor de 2.000 millones de personas", destaca la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).