El secreto está en la cáscara. Pese a que el huevono necesita frío y puede conservarse perfectamente a temperatura ambiente, tiene una fina capa —la llamada cutícula— debajo de la cáscara, que lo protege de la salmonela y otras bacterias. Sin embargo, los cambios bruscos de temperatura pueden dañar la cutícula y esta es la razón por la que hay que tener especial cuidado con la conservación de este alimento.
Pero ¿por qué los guardamos en la nevera? Los supermercados suelen tener sistemas de aire acondicionado y en casa es más difícil mantener la temperatura moderada. La Administración de Medicamentos y Alimentos de EEUU, por su parte, advierte que dejar los huevos fuera de la nevera por más de dos horas aumenta el riesgo de la propagación de salmonella, bacteria que se reproduce a temperaturas entre 4 y 60°C.
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