"Los resultados presentados aquí deberían ser motivo de preocupación para los sistemas (responsables) de la salud humana y de la vida silvestre", alerta el trabajo que evidenció alteración de las hormonas y daño genético, males asociados a enfermedades como el cáncer.
"No tengo dudas de las consecuencias del glifosato. Es tóxico y causa efectos muy nocivos. Hay más de 1.000 trabajos científicos que lo confirman", afirmó Lajmanovich. Pero es la "primera vez que se demuestra que se potencia cuando se combina con arsénico, que es un contaminante natural que está en muchos lugares de Suramérica sobre todo", ilustró.
Y enfatizó que esa presencia de arsénico "coincide particularmente en Argentina con gran parte del área sembrada con soja y evidentemente es la de mayor utilización de glifosato prácticamente en el mundo".
Un mar de glifosato

Cuando ambas sustancias se juntan multiplican exponencialmente su poder destructivo. El trabajo de Lajmanovich y su equipo se basó en el uso de "anfibios como modelos experimentales", y en ellos se pudo comprobar la alteración hormonal y los daños genéticos sufridos.
El académico de la Universidad Nacional del Litoral ha participado ya de otras investigaciones sobre este producto, en uno de los países con más aportes sobre el impacto tanto a nivel humano como animal y en lo relacionado con el ambiente.
Sobre la gravedad que implica el descubrimiento mencionó que "ya hay cálculos que hablan de que en toda esta área que incluye Uruguay están echando unos 1.000 millones de litros cada 10 años. Son cifras casi inimaginables que se esparcieron de esta sustancia, por eso ya hay residuos en toda la cuenca del río Paraná que es a donde va drenando todo eso".
"Estamos ante la presencia de un contaminante que si bien no responde a las características de los que se llaman persistentes, por el enorme uso que tiene está empezando a aparecer en distintas matrices, en las personas, es un fenómeno de contaminación global", apuntó Lajmanovich.
El entrevistado reconoció que a corto plazo no hay una solución a la vista, entre otras cosas porque "para cambiar hay que modificar el sistema productivo". En este contexto consideró que "Argentina y otros países de la región han perdido su soberanía alimentaria y de cultivos".
"El mayor recurso estratégico que hay acá es la agricultura, que está en manos de las transnacionales. Ellos deciden qué, cómo, cuándo y dónde hacerse. Son los dueños de las semillas y de los agroquímicos", concluyó.