De acuerdo con estimaciones de la institución, actualmente se extraen entre 11 y 12 millones de barriles diarios de las reservas, lo que refleja una presión creciente sobre el mercado energético mundial.
La principal causa de esta caída es la disminución en la producción de crudo en países de Oriente Medio, donde los conflictos y restricciones logísticas han limitado la capacidad de exportación.
Uno de los puntos críticos es el estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas, pero cuyo flujo se ha visto afectado por bloqueos y amenazas.
Ante este escenario, los precios del crudo han mostrado una tendencia al alza. El barril de Brent podría promediar los 90 dólares en el último trimestre del año, mientras que actualmente ya supera los 100 dólares en los mercados internacionales.
Analistas advierten para The Telegraph que, de mantenerse las restricciones en el suministro, podría surgir una escasez real en los próximos meses, lo que obligaría a gobiernos y consumidores a reducir la demanda mediante medidas de ahorro energético.
Algunos países ya han comenzado a aplicar acciones preventivas, como limitar el uso de energía o promover el trabajo remoto, con el objetivo de disminuir el consumo de combustibles en medio de la crisis.
En paralelo, organismos como la Agencia Internacional de Energía han liberado reservas estratégicas para contener el impacto, aunque expertos coinciden en que estas medidas solo ofrecen un alivio temporal si el conflicto persiste.
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