Las cabalgatas de Reyes estuvieron pasadas por agua en muchas ciudades de España. Y es que la primera semana del año fue escenario de una situación meteorológica bastante activa. Las nubes descargaron lluvia y nieve durante los compases iniciales de 2022 en península ibérica, Baleares y Canarias. Sin embargo, una vez pasadas las últimas fiestas navideñas, los paraguas volvieron a su escondite.
Un anticiclón se ha plantado al oeste de Europa e impide la entrada de frentes atlánticos y borrascas. Motivo por el que no cae gota en la península ibérica y el archipiélago balear. Este bloqueo se estira desde hace casi cuatro semanas y podría perdurar en los primeros días del mes de febrero. Tan solo en Canarias se han producido precipitaciones.
A pesar de la sorpresa que supone encadenar múltiples días de sol en parte del país, este escenario no es extraño. Los anticiclones invernales acostumbran a tener lugar en enero y febrero. En 2005 pasaron 80 días hasta que llovió en Extremadura y entre 50 y 60 días en la Comunidad de Madrid. Todavía no está a su altura, pero el comienzo de 2022 amenaza con entrar en la lista de los más secos de la historia y todavía no se conoce su fin.
El año hidrológico arrancó en octubre de 2021 y tan solo se han registrado precipitaciones medias de unos 200 mm en el primer cuatrimestre, 100 menos de lo habitual para estas fechas. Pocas lluvias y de desigual distribución en el país. Y es que mientras las regiones cantábricas o Mallorca acumulan cifras superiores a lo normal, zonas del Mediterráneo peninsular, noroeste de Castilla y León y Canarias no llegan ni a la mitad de la media de precipitación.
22 de enero 2022, 08:00 GMT
Se espera que en los próximos días saquen el paraguas en las provincias costeras de Andalucía, la Región de Murcia y Canarias. No en el resto del territorio español, afectado por el anticiclón. Entre los problemas que origina, aparece la bajada del nivel de agua en los embalses. Actualmente, se encuentran al 45%, un 13% por debajo de la media. Gran parte de las cuencas hidrográficas anotan capacidades menores a las normales de un mes de enero. Los embalses del Guadalquivir tan siquiera alcanzan el 30%.