Y es que Leo, como ha sido bautizado por sus padres humanos, le encanta aplastar su nariz contra todas las superficies. Las graciosas imágenes muestran cómo parece enseñar sus encías a todo aquel dispuesto a verla.
No obstante, al principio sus dueños no tomaron tan bien esta extraña maña, pues pensaron que podría ser un síntoma de algún daño cerebral. Afortunadamente, los especialistas aseguraron que Leo no tenía nada malo, solo era un perro poco común al que le gusta llamar la atención.
Ahora, la familia entera vive feliz en el pueblo de Bodegraven, Países Bajos, donde disfruta de tener un perro sano como un caballo y loco como una cabra.